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martes, 16 de octubre de 2018

Yo no me caí del cielo



¿En qué momento caerá el rayo?
Si ante tu cuerpo, caigo.
Si ante tus ojos, caigo.

¿Es posible desencantar este enredo?
¿En algún tiempo será posible?

La distancia marca un pulso, quizás,
un ritmo en el que estos besos estarán en otro océano,
en otro barco, en otro tiempo.
¿Podrás soportar nuevamente la ausencia?

Nada de esto pasaría si no nos hubiéramos encontrado en la calle,
si justo no te hubiera visto pasar por la vereda,
si justo, justo
¿A quién le toca ahora creer esa mentira?

Hacemos lo que hacemos porque nunca debimos dejar de hacerlo,
eso te diría ahora,
                            eso te diré mañana.
Solo somos presente, instante eterno del ahora en el que te miro y caigo,
una vez más, caemos, una vez más somos perfectamente imperfectos,
y la boca del otro, así, en ese instante, es el mejor momento de nuestra vida.



Nena, hay alegrías y alegrías  / hay mucho vino malicioso  / y poco vino del mejor.


domingo, 23 de septiembre de 2018

Veneno amargo



Todavía hay peligro, me digo. Tus fragmentos aún están unidos a mi cuerpo. En algún lugar de mi estratosfera te repito, te siento, te pienso. Habían pasado años, eso también lo recuerdo. Meses, días, años, millones de años sin saber de VOS. Agua bajo el puente, témpanos, praderas, silencios. Años de suposiciones, de creencias, de confiar mi destino en la fe; esa fe ciega que dice y repite en loop: “las cosas son mejores así“. Mar furioso, me digo.

¿Cómo no involucrarse de nuevo, si nunca dejé de pensarte? 
Te esperé siglos. Siglos esperé este momento. Estar de nuevo frente a tu boca, y acá no puedo escapar a la verdad de pronunciar y de escribir las palabras acalladas pero justas: esa boca de fuego, carnosa, siempre a punto de ser devorada por mi boca; esa boca por la que hubiera atravesado océanos, por la que hubiera matado a cualquiera, esa boca de ella, mía, tuya, tan tuya, casi incomparable con otras bocas, pero ciertamente inolvidable. Eso sí lo recuerdo bien.

La menta y el mentol flotaban en el aire. La cerveza en tus cachetes, también. Negar hasta lo imposible, me dije antes de salir de casa. Negarlo todo, negarlo bien. Pero ahí estabas, a dos centímetros de mi boca, a dos minutos de estallar contra mis labios, a dos minutos de arrepentirme de todo y, a la vez, de disfrutarte, porque de eso se trata todo en la vida, al final, de disfrutar. Pero ya no quiero que sea al final el disfrute, que sea principio.

Y el principio de todo fue tan turbulento, Federico, tan turbulento que no podría retroceder a cero y ser otra. Porque quiera o no, fui la que soy porque fuiste conmigo. ¿Te acordás que vos me buscabas y yo ni te registraba? En la oficina siempre miraba a un costado cuando hablabas, siempre esquivándote. Cuando era el horario del almuerzo yo inventaba cualquier excusa para no sentarme con vos, y las veces que por algún motivo quedábamos juntos, hacía sonar celulares que no existían para levantarme e irme al patio a hablar con la mujer-máquina que en el 113 te daba la hora ¿En qué momento todo se dió vuelta? ¿En qué momento pasé de ignorarte a llevarte café a tu oficina cuando sabía que era la hora en que te morías por tomar un café? ¿En qué momento pasé de no reírme de tus chistes a festejarte cualquier gansada que dijeras, incluso las que no me hacían reír? ¿En qué momento dejé de esquivarte la mirada, para morir por un segundo de tus ojos en los míos? A veces rebobino casi a cero, pero ese momento nunca supe encontrarlo en mi memoria, jamás. Veneno amargo, siempre amargo el no recordar y de tan amargo, casi necesario (casi).

Y allí, entonces, a dos centímetros del precipicio, a dos milésimas de segundo de comernos la boca, los ojos, la mirada, el cerebro y las manos, a dos minutos de aniquilar nuestra piel contra la piel del otro, de morder, de bordear, de lamer, de pedirte más, de acariciarte, de dejarme, de que te dejes; allí, a fragmentos de milésimas de segundo, a un segundo antes y como en las peores pesadillas, me desperté y ya no supe cómo llamarte, como pronunciar tu nombre.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Decir



Las excusas son el puente para encontrarse. Premisa número 143536. Siguiéndola, quizás, nos encontramos. Es un jueves de sol en Buenos Aires, voy caminando por la calle escuchando una playlist de Spotify  que hice pensando en algún recuerdo con vos. Bien, decía, voy caminando. Allí estoy por cruzar el semáforo de Av. Rivadavia y, digamos que, de pronto, te encuentro. Nos encontramos. Es de noche aunque hablé del sol, y lo sé porque la luna se refleja en tus ojos y ese resplandor es una de las cosas más lindas que se pueden ver en la vida. Sigo, me tocás el hombro y me decís ¿Sos vos? ¿Ann? Y allí empieza todo. Que sí, que soy yo, que como estás, que tanto tiempo, que qué es de tu vida. 

Y allí sé que estás casado, que tenés un hijo, y veo fotos de un niño enrulado idéntico a vos pero con la nariz de ella. Entonces que vení, que vamos a tomar algo, que no importa si es medianoche ¿arrancás temprano mañana? entonces me olvido del juzgado, del la conciliación que tengo que hacer y le digo que no, que no importa. Mentir siempre me quedó tan cómodo.

Entonces es de madrugada y nos sentamos en un bar y la luz de la luna sigue titilando en tus ojos y yo titilo un poco también, por el reflejo, ese reflejo inevitable e ineludible de encontrarnos y mirarnos. Sentir que esto es cierto, de algún modo, cierto pese a los años, al tiempo, a la ausencia, al silencio. Sentir que todo esto es verdad, pese a tu vida actual tan alejada de lo que éramos, de cuando nos reíamos de tener hijos, de la vez que tuvimos miedo por si estaba embarazada, de que dijeras que si era un hijo mío sí querías tenerlo, no importaba tener 18 años. Y miro mi vaso de cerveza y vos hablás de viajes a México y yo alucino con México, te digo, me gustaría mucho ir. Y allí la tonta promesa de un viaje juntos y lo más lejos que fuimos fue a La Plata, a pocos kilómetros de donde vivimos. ¿Cómo que estamos en el mismo barrio? Y nos reímos de las coincidencias y salimos del bar a caminar por no sé dónde ya, y ahí, sin decir nada, me arrinconás contra la pared y me besás como nunca antes me habías besado, con la dosis perfecta de amor y de nostalgia, con sabor a menta, con gusto a para siempre, así, diciéndolo todo, me besás.


sábado, 25 de agosto de 2018

Fiebre ucraniana

Daria Hlazatova
El cuerpo afiebrado. Los cristales rotos. Las astillas de los vidrios quemándome las manos. El cielo cada vez más gris. A lo lejos una incipiente lluvia gotea por en mi nuca y se desparrama por mi espalda. Sangrante, como un tendón recién cortado, la gota se hace saliva en mi cadera y allí, por la curva, se detiene. La temperatura sube, asciende, se contagia hacia todo el cuerpo. Mis manos no pueden escapar del susurro de tu voz. Y yo me pregunto ¿hasta dónde? ¿hasta cuándo? ¿cuántas veces más caeré en tus mismas trampas? arrebatos que me invento para salir del tedio, para descansar de la vida, para sentir que, de a poco, se aproxima la sed que es todos los fuegos que tuve de vos. 

martes, 7 de agosto de 2018

Inocencia II

PH David Cohen


Ante las sombras y los destellos, caigo.
Caigo presa de una dualidad que me condena al encanto,
siempre caigo.
Allí estás gigante, inmenso, sumergido en una virilidad inquietante,
allí sos un hombre fuerte, potente, decidido,
y luego, en otra arista, se abre tu sonrisa de niño,
tus labios carnosos que seducen con inocencia,
tu mirada de cachorro ante un gesto, un gusto o un dulce, da lo mismo
todo esconde una mirada tierna que solo veo en algunos momentos
¿Cómo no encantarse ante esa dualidad?
¿cómo no querer perderse en uno y otro hombre de los que sos?

Allí, entonces, quiero arremolinarme entre tu boca,
quiero que te pierdas en mis besos,
quiero caber entre tus manos, entre tus pliegues,
quiero sacar lo peor y lo mejor de vos,
quiero morderte,
quiero hundir mis texturas en tu boca,
y que los pliegues de mi alma se retuerzan en tus labios,
y que vos –dual como sos– me abraces y me carnees,
me estires y me estremezcas,
me choques y me que descomprimas,
                                    me desintegres,
                                    me estalles,
                                    me enmiendes,
y, por fin, me dejes cruzar hacia el abismo y perderme,
                                    hundirme y perderme.

martes, 29 de enero de 2013

Verte y verme

Verte ahí. Helado, mudo, tendido como una piedra. 
Hediondo, sucio, insolente.
Verte ahí. Como un recuerdo, un mal presagio o un desacertado reflejo de mis actos.
Verte ahí. Desnudo, quieto, apagado. 
Considerar tus partes como partes, sin un todo. 
Con tu olor a hueso, tus párpados brillantes y tu fatigada voz mentirosa.
Verme ahí, esperando algo. Creyendo en el milagro que no pasará jamás. 
Sintiendo cada derrota como una futura revancha o victoria, de un tiempo mejor. 
Verte ahí. Avejentado, temible, desquiciado. Casi como un muerto o un hombre que sólo vive en esta tierra, pero que en verdad, está rendido.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Hubo, hubieron, no hay más.


Hubieron miles y sólo uno pasó. Hubo un silencio sordo, inquieto. Hubo mentiras, apegos y deseos encontrados. Hubo, también, una dosis innecesaria de caprichos y desatinos. Copas rotas, noches de desvelo y hasta conversaciones sin fin por teléfono.
También hubo celos, enfermos, enfermizos, psicóticos e innecesarios. Hubo, algún beso. 
Hubo, atardeceres que parecían nunca terminar. Hubo parques que se convirtieron en parques sin memoria. Además, hubo un montón de frases hechas, caricias a destiempo y cervezas de más. Hubo violencia. Hubo fracaso. Hubo desencuentro.
Hubieron miles de errores. Sonrisas de más, complacencias fabricadas y negación. También, hubo misterio y nunca entendí bien qué tanto temías aceptar. 
Hubieron miles, y sólo pasaste vos. Y aunque vos sólo pasaste, por mí sólo sentí el amor de otros. Y no me puedo arrepentir de haber vivido lo que sucedió: yo también soy parte. Y acepto que tal vez, el camino no fue el mejor pero fue el necesario para llegar hasta donde estoy.
Lo que se de vos ahora no me conforma, no me completa, no me suma y no me interesa. Pero, en el fondo, también acepto y comprendo que algo de todo lo que eras, terminó. 


lunes, 17 de septiembre de 2012

Ven


Con la poca piel que nos queda de distancia, con esa misma piel que elegimos ocultar para no ver. Ven, cariño, ven. Ven al lugar donde no guardo ropas para que llenes, ni capuccinos cursis de amaneceres. Ven, al lugar donde somos hueso y carne, donde respiramos el mismo aire pero sin ahogarnos. Ven, al lugar donde entiendo tus silencios y no cuestiono tus horarios. Ven, y abrázame. Ven y vivamos en estos 70 metros cuadrados, el amor más intensamente vivido y ansiado.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Germán


Me hice una trenza en el pelo, me senté y me fumé sus cigarrillos. Germán estaba acostado en mi colchón y yo no podía dormirme. Eran apenas las 3 de la mañana y el whisky se había terminado en mi antipática mesita ratona. Miré la alfombra y vi sus calzones. A un costado -en la cerámica blanca- observé uno de sus cabellos: inconfundibles, rizados y de un oro profundo, casi enredados sobre sí. Detesto sus pelos en mi cerámica, detesto estar en esta situación.
Tomé una botella de agua, me senté en el sillón frente al balcón y pensé un largo rato sobre tomar una decisión. No podía echarlo, tampoco quería. Era tarde, casi las 4 y quizás el pronóstico esta vez no fallaría. No podía echarlo y menos ahora.
Germán tosió o estornudó, o hizo un ruido horrible que me hizo volver a mirarlo. Allí estaba, ovillado, desgarbado y torcido. Se le veía el culo porque estaba todo enmarañado en la sábana gris. Mi gato lo miraba con recelo, él le había quitado su lugar y su orgullo no le permitiría compartir el botín acolchonado.


Me fui al baño y me pregunté en el espejo qué debía hacer. No creía en mis decisiones como tampoco creía en sus palabras. Sus acaramelados deseos no eran gotas de alivio, eran -muy en el fondo- simples palabras.
Me fui de mí. 
Me terminé el quinto cigarrillo y me acomodé entre mis sábanas y su cuerpo pero el gato seguía y nos miraba con recelo. 

viernes, 10 de agosto de 2012

Coqueteo

Me gusta tu sonrisa infinita.
Me gusta el misterio de tus ojos.
Me gusta el sonido de tu voz.
Me gusta tu piel.



Me gustan tus manos.
Me gustan tus gustos.
Me gusta tu cuerpo.
Me gusta que te guste.


domingo, 15 de julio de 2012

Se suponía




Se suponía que esta noche ibas a llamarme. Se suponía también que más tarde nos veríamos. Tal vez ibas a acostarte con tu mujer para luego escaparte o directamente le blanquearías que saldrías de urgencia: que nuevamente tu amigo Diego, el cirujano, tuvo un imprevisto y no pudo ir al hospital.
Se suponía que hoy hubiéramos estado juntos. Que la cena que cociné la íbamos a disfrutar los dos. Que vos traerías helado, que yo destaparía el vino. Que me convidarías de tus cigarrillos y yo te daría un masaje. Se suponía que esta noche ibas a llamarme y estaríamos juntos, pero un mensaje de texto me alertó del problema de tu amigo Diego, el cirujano,  y que hoy de imprevisto, tenías que ir vos al al hospital.

lunes, 2 de julio de 2012

Belleza de extrañarte


Belleza de tus manos cuando son como las mías. Belleza de encontrarme y recorrerte.
Belleza que atraviesa la piel para siempre. Belleza que avanza quieta en el jardín.
Besos que descubren las caricias. Caricias que arrinconan otros besos.
Belleza de extrañarte, de sentirte y de herirme con cada ausencia distanciada.

viernes, 13 de enero de 2012

En pareja...



Ella se levantaba.
El se acostaba.
Ella le pedía tiempo.
El no aguantaba más.

Ella se hacía mates.
El se preparaba un café.

Ella apagaba la tele.
El encendía la computadora.

Las horas pasaban y la tensión crecía. Todos los rincones de la casa estaban habitados por el desdén. Los dos hacían su vida como si estuvieran solos, pero un mismo techo los respaldaba a los dos.
En la cama nada era distinto, el destiempo marcaba los pocos besos.
Los dos como soles negros, esperaban apagarse por completo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Ensayo sobre las cosas amadas


Al transcurrir cierto tiempo en la vida, se llega a una teoría más o menos asumida por todos: el amor es bastante difícil.
Pocas certezas hay en el complicado mundo paralelo que se habita cuando habita el sentimiento por otra persona. Ya no hablo de potenciales amores o imaginables pasiones que se podrían desatar con alguien, sino de la compleja tela de redes que se dispara como por arte de magia cuando - en momentos débiles e inconscientes - uno se siente enamorado.
Al principio y hace años aquel imaginable amor para siempre se teñía de simulacros breves de amor incompleto, amor adolescente con las pocas capacidades de los 14 o 15 años de edad.
Luego fueron las turbulentas noches de la primera juventud en las que la derrota y el fracaso que derivaban después un imposible hacían culminar la noche en sábanas desconocidas.
Y más tarde fue descreer de todo. No confiar en nadie, cerrar puertas, tapiar ventanas, apagar la luz y por las dudas, cerrar los ojos: "En esta trinchera no entran hombres, nunca pero nunca más!!"
Y de nada sirve tanto agnosticismo. Finalmente, de forma inesperada, lenta, invisible y casi imperceptible las fibras del amor ganan terreno. Ascienden a lugares impensados, se deslizan sobre el tibio oleaje de la piel y logran vencen barreras hasta romper todo canon de tranquilidad y aburrimiento a nuestras vidas.
Progresa la idea de poder amar y aceptar el amor de alguien. Creemos en la fidelidad de uno mismo con el otro y en la de ambos. Las flores son más lindas para oler y regalar. La lectura no es igual si al lado de la cama hay una bonita espalda que mirar. Los besos son todos como si fueran los últimos besos y la libertad sexual abre fronteras deseadas hace tiempo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Amor y amar es...


Amor es decidir caminar con alguien. Es encontrar una persona y luego ser lo suficientemente maduro como para entender que si todo va mal es mejor la distancia.
Es seguir caminando para luego, ver otra persona que nos alumbre y asombre por lo que es, no por lo que fingió ser.
Es mirar el mar que nunca termina de viajar.
Es entender que cada movimiento continuo, sistemático, impensado, es en definitiva el resultado de una serie de movimientos internos más fuertes que suman su vigor al oleaje y eso es amor también.
Es hacerse cargo del fuerte sentimiento que nos vincula hacia la profesión, el oficio y el trabajo que sea placentero y no meramente salarial.
Es encontrar en lo cotidiano el tiempo exacto de libertad realmente sentida, dure 5 minutos o todo el día.
Es acariciar el cuerpo con delicadeza, cuidándolo, mientras el agua caliente cae por la espalda.
Es arropar a nuestros hijos, amigos o hermanos.
Amor y amar es entregarse a la vida, relegando parte de nuestra comodidad egoísta y cotidiana.
Es ponerle el cuerpo, la voz, las manos y los ojos a una esfera de miedos, felicidades, dichas y tristezas de una persona o varias, pero sobre todo amar, es entender que el otro es otro y no uno mismo y que jamás va a cambiar ni ser como uno quiere que sea; ni espejo ni sombra, ni perfección ni relámpagos; sólo es lo que esa persona puede ser en este tiempo y no en otro.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Love is all you need


Agudo amor; lento desmayo, dice Clarice Lispector en su libro Agua Viva.
Pienso que se refiere a muchas cosas: amor no sólo físico o de pareja. Amor que es también leer un libro, mirar una película que nos eleve, mirar el cielo un largo rato, tener sexo, escribir, pintar, tomar clases de danza o escuchar música. Creo que amor es todo.
Pienso también que no hay pensamiento en la palabra amor, que todo es y no es amor.
Amor agudo que tilda cada una de las cosas y las vuelve reales. Amor que viaja como un dardo despiadado hasta encontrar el adecuado, luego de tantos incorrectos.
Pero, viene el desmayo, por haber conocido a un hombre tenso y áspero, por haber creído en su instante más alto del cielo. Agudo desmayo; amor lento.

jueves, 4 de agosto de 2011

Arco Iris


Quiero olerte el vientre de magnolia.
Sentir tu estómago y tus latidos como música
Navegar tus costillas con mis dedos, dibujando círculos rojos con mis uñas y encerrar en pliegues tu piel rubí.

Quiero acariciar tu pelo, suavemente y con tironcitos.
Teñirte de espuma el cuerpo, y rociarlo con un arco iris magenta y azul.
Llevarte hasta la luz de la vela, contemplar tu figura y besarte tanto pero tanto que de nuestras bocas salgan mariposas color fuxia.
Reanudar en cada beso los destellos y perfumarte los ojos con mis manos de algodón.
Quiero eso y abrazarte para siempre, hasta morder tus labios de piel, otra vez.



martes, 26 de julio de 2011

Creer para amar


Sin la fe en la capacidad amatoria el milagro no sucede. Se necesita una pizca importante de fe en el amor para poder terminar la trilogía de la creencia.
Creer en el amor hasta suena antagónico, platónico y extremadamente lejano, pero los que aún piensan que la fe mueve montañas (o amores) lo saben. Lo entienden también los que tienen hijos, los que desean tenerlos y los que miran como niños a sus propios hijos. También saben de esta creencia las hadas madrinas, los verdaderos amigos que escuchan atentos el relato de los deseos y hasta las palomas mensajeras que llevan y traen mensajes de amor por todos lados.
También creen en el amor los vendedores que especialmente aparecen sonrientes en "San Valentín", los investigadores privados y hasta las putas que creen también en el bendito amor.
Pero, aunque parezca común, es casi la tarea mas difícil de los enamorados o mejor dicho los que aman. Siempre se está a un paso del miedo, la desesperación, la locura o lo que es peor: Desistir para siempre de creer.

martes, 19 de abril de 2011

Encuentro fugaz


La propuesta sigue en pie, la dama cruzó la calle y arrojó su paraguas al vacío.
La percepción de la lluvia, el ruido quieto de la luna distante, las manos contemplando las gotas que levemente caían en sus dedos.
La piel se le volvió aire, y los chispazos de fuego entraron en su vientre.
El invierno no puedo con su brisa, su pelo mojado y su sonrisa gigante como el cielo, abrían su mirada eterna.
Los coches circulaban, mientras ella seguía bailando en la oscuridad.
La mano de un hombre fue calor en su hombro, las miradas se encontraron y hubo un silencio que apenas pudieron escuchar.

jueves, 14 de abril de 2011

Sexo tibio


Las manos apretando el vacío, la bomba del cuerpo a punto de estallar en cualquier lado.
Los labios buscando más bocas para besar, buscando la piel para morder el después. Placer infinito al verte en las orillas, naufragando entre los pliegues y las sombras.
Respiración que no alcanza, que nunca es suficiente.
Al final del extremo empezó a brillar un segmento de aire con gusto a frutilla agria.
Un trago de vino, y seguir como si nada, asechando tu cuello e incidiendo en tus manos que piden mas sexo tibio.
Gotas infinitas circulando por la espalda, mi cadera se contrae y se extiende para alcanzar el ritmo de los dos, la boca se pone tensa y los labios esperan el brebaje.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...