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domingo, 25 de noviembre de 2018

Día 7 | De boca a tu boca


Todo comenzó con un pequeño fuego en tu labio inferior. Lo recuerdo bien. Hacía un poco de frío y los dos íbamos en un taxi camino a un nuevo bar. Era tarde pero no tanto como para querer volver a casa y, además (siendo honesta) no quería volver a otro lugar que no fueran tus besos, esos besos que recordaba a fuego. Lo supe antes de salir, lo confirmé después. De pronto un bache. ¿O eso fue después?
Cierto, fue después.

Casi no puedo recordar la trama perfecta de lo dicho, recuerdo la Avenida, recuerdo que sonaba una música espantosa en la radio del taxista, recuerdo hasta la incomodidad de una de mis piernas demasiado en el medio del auto y la otra demasiado de costado, recuerdo que tenía calor por la calefacción, recuerdo que me preocupaba la cercanía de tu cuerpo y el mío, pero no puedo recordar exactamente que artilugio, que palabra, que tropiezo. Pero ahí tropezamos, vos con mi boca y yo con la tuya, dos bocas que se entienden más que cualquier otra boca. Deseo intacto, deseo eterno. Balbuceé. Todavía no aprendo a decir cuando no sé que decir. Dije pequeños gimoteos que podrían haber sido de un niño pequeño o de una adulta que a sus 30 años aún no sabe expresarse de forma correcta sin ser demasiado obvia, demasiado niña, demasiado transparente (guilty) Sonreímos, eso sí lo recuerdo. Tu sonrisa perfecta, desnuda de trampas: hermosa. Y luego un bache glorioso me tiró encima tuyo y nos volvimos a besar. En ese instante amé todos y cada uno de los baches de las calles de Buenos Aires. Amé todas y cada una de las fatalidades que, una vez más, me ponían de boca a tu boca.

martes, 25 de septiembre de 2018

El no decir que se convierte en imán


Imagen Liudas Barkauskas

Ella sale de la escuela y él la espera en la esquina fingiendo varias cosas: que el cierre de su mochila se trabó e intenta destrabarlo, que acaba de despedirse de su grupo de amigos, que recibió una llamada y recién terminó de hablar...cualquier excusa infantil es buena, cualquiera que le dé los minutos que demora Agustina en salir a la calle.

Van caminando juntos por la avenida porque vivir cerca les sirvió de excusa. Para él no importan los autos, los semáforos, los ruidos: nada. Todo su universo pasa por contemplarla, por ver cómo se corre el pelo negro y pesado hacia la oreja, por ver como abraza la carpeta que lleva en las manos y aprieta hacia su pecho, por sentir su olor a vainilla desprendiéndose a cada paso que da, por notar sus piernas flacas y un tanto chuecas al andar, por sus pasos cortos pero ligeros...todo le parece encantador. Pero no dirá nada y, al contrario, dirá todo lo que no piensa sólo para despistarla.

Lo que no sabe nuestro Romeo, es que ella no es de las que adivinan las falsas señales, no sabe que al comportarse así, ella afirmará su teoría de que Federico es un pesado que prefiere caminar con ella para no ir caminado solo, y nada más, nada de nada. 

El no decir se convierte en imán, el no decir los convierte en silencio, en lo que los repele, en lo que los aleja. Incluso cuando ella preferiría caminar escuchando música, ha llegado al punto en el que el metro ochenta de él la conmueven, la inquietan y la intrigan. Federico, pronuncia Agustina para sí y lo siente, lo ve, lo quiere....así de despistado, de despeinado, de torpe y de inteligente. Tan brillante para algunas respuestas y tan lumpen para hilar los sentimientos, piensa ella, levantando las cejas sin que él lo note.

Pero aún así y pese a todo, su relación se alimenta de falsas señales, de desvíos, de frenadas, de silencios. ¿Y si se hace tarde? ¿Y si nunca más se encuentran? ¿Y si se encuentran pero tarde?
Nadie sabe hasta donde llegan los imanes. 

lunes, 2 de julio de 2012

Belleza de extrañarte


Belleza de tus manos cuando son como las mías. Belleza de encontrarme y recorrerte.
Belleza que atraviesa la piel para siempre. Belleza que avanza quieta en el jardín.
Besos que descubren las caricias. Caricias que arrinconan otros besos.
Belleza de extrañarte, de sentirte y de herirme con cada ausencia distanciada.

domingo, 3 de junio de 2012

Estrella, para mí.


Veo el cielo, un punto lejano, parece una estrella.
Apago las luces de mi departamento, y veo entonces el milagro.
Una luz encendida, detrás del cielo, que apunta para mí.
Y es su brillo el que no deja de hacerme brillar.
Girando, girando, atravesando las paredes y cristales del armario.
El gato me sonríe cómodo, quieto como entendiendo el brillo
y yo me miro a través de sus destellos como una luz encendida, detrás del cielo, que apunta para mí.

martes, 31 de mayo de 2011

Tu Belleza

No lo crees pero sos tan bello, bellísimo.
A veces no se agregar más nada que eso, basta con ver la intensidad en tus ojos para comprender que tan cierta es tu belleza. Aquella misma que ocultas y escondes bajo las capas de la ceguera crónica.
Nada se compara a tu risa, es como diría un viejo tema del Indio, "la magia de los rockanrolles".
Habría que evitarte, cruzarse de vereda para no perderse en tu inquietante mirada,
Habría que desterrar una a una las fotos en mi mente, para congelar por siempre el tanto extrañarte
Habría que aniquilar los espejos, para que ni tu sombra se desdoble en este frío invierno.
Pero todo eso es imposible y tampoco quiero hacerlo, porque quiero oler tu risa todas las veces que me dejes, y acariciar tu cara sin miedo a acercarme demasiado. Y saltear y chapotear por esa boca laminada, y condimentarla con mis besos hasta llegar a la sombra imborrable de tus ojos, como un manto eterno de pureza, misterio y ansiedad.
No lo crees pero sos tan bello, bellísimo que a veces no se agregar nada más que eso.


Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...