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viernes, 15 de marzo de 2019

El mapa perdido




Un mapa como territorio de verdades,
como terreno decible de lo imposible,
allí están fijados tus desplazamientos en una y otra dirección,
allí, también, permanece el deambular de aquel hombre de mirada atrapante,
o el otro, el de pantalones color café que tanto te gustaba,
así como también la suma de besos que se dieron con F. en aquel viejo y derruido hotel,
o las caricias secretas de L a medianoche,
o incluso el resabio de la textura de los besos de M,
ternura y textura,
ternura y miel.

Cada paso, cada huella, cada mirada: todas son territorio de algo más,
de la sed,
de lo prohibido,
del deseo,
de la espera,
de las ganas
(y ese es el motor, siempre el motor)
GANAS, y en mayúsculas,
porque de nada sirve una boca carnosa sin caprichos.

jueves, 31 de enero de 2019

Magenta de amor




“Alguien a quien una vez amé me dio una caja llena de oscuridad. / Me llevó años entender que esto, también, era un regalo’’ (Mary Oliver)

En tu poesía hay un calvario aterciopelado
besos de miel, flores secas en un jarrón y la biblioteca repleta de historias por contarnos,
hay, también, sabor a canela en tus manos y anís en tus mejillas,
hay tanto deseo oculto que nací para contarlo en estas líneas,

Vagamos por las calles estrechas y extrañas,
tememos el mismo cielo color magenta pastel,
acariciamos la tormenta que empieza a desprenderse,
la mía en Berlín, la tuya en Buenos Aires,
y nos volvemos invisibles ante los ojos del mundo,
ante los ojos de quién, como nosotros, no tiene respuestas.

Tus besos me devuelven el amor,
y las ganas.
Tal vez la mejor sonoridad que exista encapsulada en el silencio,
tal vez la mejor porción de mí,
pero estás lejos,
estamos a 11902 kilómetros de nuestros besos
¿Qué pasará con el tiempo sin el tiempo de nosotros?

En mis ojos un diluvio se lee a millas,
pero de nuevo, allí estoy: siendo irreverente en el deseo de endulzar mis manos con tu fuego,
y que lo dicho, entonces, se conciba con la mirada.

Angie Pagnotta

#poemasdeamor

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Delicia espesa


Nota aclaratoria: en el último tiempo se me ha dado por escribir sobre imágenes que saco, en este caso una foto mía intervenida con palabras. Si gustan de verlas, pueden seguirme también en mi instagran @angiepagnotta y en @matesliterarios donde muchas imágenes están para tentar al lector.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Día 6 | Y con eso basta


No todo estaba dicho. 
En el sótano de mi casa había una caja azul y pesada con una pila de papeles, fotos, regalos, flores secas, notas y algunos discos. Un día, diez años después (como esa canción pegadiza de Calamaro) la abrí. Allí encontré un cuaderno que decía ''Cosas que quise decir pero nunca dije''. La etiqueta no podía ser más misteriosa pero yo recordaba perfectamente ese cuaderno, esas historias. 
Me senté en la madera crujiente y me puse a leer el anecdotario del amor, del desamor, de los días de verano, de las tardes en la plaza, de una increíble catarata de deseos y amor. Y de eso se trata, pensé, siempre se trató de eso: amar y desear como dos faroles prendidos las 24 horas del día, los 365 días del año. No hubo día, Federico, no hubo día en que no te quisiera besar. Y allí estaban los recuerdos adolescentes de un montón de palabras que se fueron agolpando con el viento detrás en una puerta que no volví a abrir jamás. Y busco aún hoy mil metáforas para decir lo impronunciable que es tan cierto como mi nombre: siempre te amé. 

Hasta que hoy, hasta hace un rato, lo procesé y lo dije por primera vez, a viva voz. No, no dije te amo, dije ''te amé'', o, mejor dicho, dije todo lo que ese ''te amé'' significó: risas, silencios, pausas, amores, deseos, furias, cama, sexo, terrazas donde acostarnos, sillones donde besarnos, taxis donde acurrucarnos, rincones donde amarnos, esquinas donde tocarnos, pasajes donde bebernos como si no hubiera otra agua en el mundo más que la de tu boca. Y vos, casi con la misma voz de aquel entonces dijiste lo mismo. Por una vez correspondiente a mis palabras y ahí sentí que un baño de sal cubría mi herida. ¿Sabés cómo fue vivir con la herida latiendo? a veces de la nada sentía latidos breves, otras una especie de adormecimiento y a veces dolía como si recién me hubiera cortado. Pero, a pesar de la profundidad, nunca odié ni a mi herida ni a vos. Esa herida, hoy lo veo, me hizo ser quien soy. 

No hay tiempo como el presente, me digo al terminar de leer ese cuaderno azul. Tiempo presente y solo tiempo, de eso se trata. El presente me devuelve tu risa sincera y tal vez no ahora, pero sé que mañana o pasado, me quedará el recuerdo endulzado de una herida de guerra que cicatrizó con el amor más neurótico y obsesivo, pero también con toda la sinceridad posible. 
Y con eso basta.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Día 7 | De boca a tu boca


Todo comenzó con un pequeño fuego en tu labio inferior. Lo recuerdo bien. Hacía un poco de frío y los dos íbamos en un taxi camino a un nuevo bar. Era tarde pero no tanto como para querer volver a casa y, además (siendo honesta) no quería volver a otro lugar que no fueran tus besos, esos besos que recordaba a fuego. Lo supe antes de salir, lo confirmé después. De pronto un bache. ¿O eso fue después?
Cierto, fue después.

Casi no puedo recordar la trama perfecta de lo dicho, recuerdo la Avenida, recuerdo que sonaba una música espantosa en la radio del taxista, recuerdo hasta la incomodidad de una de mis piernas demasiado en el medio del auto y la otra demasiado de costado, recuerdo que tenía calor por la calefacción, recuerdo que me preocupaba la cercanía de tu cuerpo y el mío, pero no puedo recordar exactamente que artilugio, que palabra, que tropiezo. Pero ahí tropezamos, vos con mi boca y yo con la tuya, dos bocas que se entienden más que cualquier otra boca. Deseo intacto, deseo eterno. Balbuceé. Todavía no aprendo a decir cuando no sé que decir. Dije pequeños gimoteos que podrían haber sido de un niño pequeño o de una adulta que a sus 30 años aún no sabe expresarse de forma correcta sin ser demasiado obvia, demasiado niña, demasiado transparente (guilty) Sonreímos, eso sí lo recuerdo. Tu sonrisa perfecta, desnuda de trampas: hermosa. Y luego un bache glorioso me tiró encima tuyo y nos volvimos a besar. En ese instante amé todos y cada uno de los baches de las calles de Buenos Aires. Amé todas y cada una de las fatalidades que, una vez más, me ponían de boca a tu boca.

Arder o reventar - aquí y ahora

Aclaración: Dado que el blog erótico que abrí es extrañado y requerido, pero dado que cuando quiero compartirlo me ''prohibe'' por que puedo herir la sensibilidad, es que migro, en este posteo, todas las entradas de Arder o Reventar, blog que continuaré aquí.

I. NUNCA ALCANZA

Será que nunca alcanzan los espacios. Nunca es suficiente un lugar sólo para contemplar, para escribir, para renacer. Arder o reventar se trata de todas las cosas políticamente incorrectas, rebeldes, eróticas, pornográficas, pornoeróticas y sensuales. Se trata de la piel, del movimiento, del alma, del cuerpo. Se trata de oler, lamer, succionar, apretar, distender. Se trata, en suma, del movimiento sensual del cuerpo, de envolverse en otro, de sentir, de tocar. 
Para todo lo demás está el cielo y el mundo, mientras tanto, arder o reventar, esa es la cuestión.

II. WHOLE LOTTA LOVE

Esta frase de Carl Gustav Jung (uno de mis escritores y pensadores favoritos) marida bien con esta canción de Led Zeppelin, del año 1969 y salió como tema que abre el disco disco Led Zeppelin II. 
Want to whole lotta love



III. DERRUMBÁNDONOS
''Yo no sabía que sus caderas respondían a un mar sediento. Así, con contornos irreversibles e imprevisibles, me amaba. Hundía cada fragmento de su cuerpo hasta dejarme inmóvil. La sed, de a poco, derramaba fluidos en mi boca y yo, sin dudarlo, lo devoraba.''
(Fragmento de «Derrumbe» de Angie Pagnotta) 



IV. 100 AÑOS

Me hubiera quedado 100 años sin soledad y entre tus piernas, 
mordiendo la dulzura exacta de tu piel, 
cayendo, irresistiblemente, ante la oposición de tu gravedad y la mía. 
Podría. Podría (mos) pero los dos pensamos demasiado en que dirán nuestras consciencias, nuestros deberes, nuestras obligaciones indómitas. ¿Será que el néctar de los dos es solo para privilegiados?

V. TU PERFUME ME DIRÁ CÓMO SALIR

Es de noche. El auto se detiene en punto muerto. Una pila de expedientes se amontona en mi falda. Desajustás tu corbata y te inclinas hacia mi. Me mirás despacio y con la calma de un animal que está por bordear con los dientes a su presa. Me quitas los lentes y me lames la boca. Luego tus labios se expanden en mi y estamos besándonos. Mis medias parecen agrietarse más ante tu lengua, tu fuerza, tu perfume. Todo estaba ahí, siempre estuvo ahí.

VI. MORDER EL DESEO

Muerdo tu boca en un segundo. La noche es tibia. Empiezo a lamer tus dedos de a poco. Primero bordeo el pulgar, luego lo beso, después lo absorbo. Escucho las cortinas zigzaguear por un viento repentino que nos envuelve y nos arroja a la cama. Tus manos se deslizan apresuradas. Corrés el hilo de mi ropa interior, corres el cuerpo para consumir el banquete. Delicado primero, desmesurado después. En tus ojos se enciende un fuego que avivamos desde hace años. Tu lengua hierve en mi cuerpo. Tu boca de caimán se detiene en estocadas firmes, empujar, corrompe, corroe, amenaza. Mis piernas tiemblan. Mis manos aprietan las sábanas y tu pelo como si a fuerza de remolinos se pudiera detener el tiempo. El viento arrasa el ventanal y el reloj. Tu boca esponja todo lo contiene, todo lo absorbe en la marea. El silencio hondo de un segundo se convierte en ahogo y presión, tu dedo vuelve a mi boca, tu mano me acaricia el pelo como queriendo dormir a una niña pequeña. Mis ojos pierden el foco, tu mirada me devuelve a la realidad y el mar, que no calma, sigue arrasando todo con un beso inexplicablemente inocente y delicado, y me encanta. 

VII. NO EXISTE

Una fijación que se trama a través del tiempo. Se vuelve intensa en la memoria. Se vuelve lluvia, se vuelve viento arremolinado. Ahí estás, abarcando mi tiempo, abriendo las fronteras: hechizando. No hay beso que no te diera sin fuego. No existe.

VIII. ALGO QUE DECIR ESTA NOCHE


IX. DERRAMAR

Prometimos un mes. Prometimos morder, curar, sanar y marcar el ritmo del deseo en nuestros besos. Prometimos un nido, una cápsula, un tiempo nuestro. Prometimos mimos, besos, palabras sinceras, las poquísimas mentiras posibles y un colchón en llamas. Prometimos amor, calor, miradas de fuego y saliva. Prometimos lamer, acariciar, bordear, contornear. Prometimos querer, poder y atragantar. Pero también prometimos arder; arder  tanto que el fuego de tu boca y de la mía no pare –nunca, jamás– de crecer. 




Todos los fragmentos de esta entrada, como todos los textos del blog son propiedad de ©Angie Pagnotta, a menos que esté aclarado otro autor/a.



martes, 16 de octubre de 2018

Yo no me caí del cielo



¿En qué momento caerá el rayo?
Si ante tu cuerpo, caigo.
Si ante tus ojos, caigo.

¿Es posible desencantar este enredo?
¿En algún tiempo será posible?

La distancia marca un pulso, quizás,
un ritmo en el que estos besos estarán en otro océano,
en otro barco, en otro tiempo.
¿Podrás soportar nuevamente la ausencia?

Nada de esto pasaría si no nos hubiéramos encontrado en la calle,
si justo no te hubiera visto pasar por la vereda,
si justo, justo
¿A quién le toca ahora creer esa mentira?

Hacemos lo que hacemos porque nunca debimos dejar de hacerlo,
eso te diría ahora,
                            eso te diré mañana.
Solo somos presente, instante eterno del ahora en el que te miro y caigo,
una vez más, caemos, una vez más somos perfectamente imperfectos,
y la boca del otro, así, en ese instante, es el mejor momento de nuestra vida.



Nena, hay alegrías y alegrías  / hay mucho vino malicioso  / y poco vino del mejor.


domingo, 30 de septiembre de 2018

El profeso


No quedan registros de la noche. No quedan registros del silencio. Quedan las huellas de cada una de las palabras que dijiste ¿Te acordás de todas las frases? ¿de todas las palabras? Las promesas, las risas, los retos, las caricias. Cada mirada, cada profunda e intensa mirada que me diste. Tus ojos grises terciopelo clavándose como dagas en mis ojos marrones azabache. Y fuego, creo que había fuego. Eso también lo recuerdo.

Algunas palabras decían que te morías de ganas de besarme desde el primer día en el que abriste la puerta y ahí estaba yo, nerviosa y sonriente. Yo dudé, me reí, me puse colorada y te pregunté varias veces si era en serio lo que decías. “Nunca hablé tan en serio“ respondiste. Sabía que mentías, pero no importaba. Ya habías dicho todo, en unas cinco líneas te habías declarado culpable, tan culpable que te daba culpa lo que me decías. Retrocedías y avanzabas 25 casilleros en búsqueda de algo que, sabías, podía pronunciarse cierto. Pero algo te detuvo. Nunca supe bien. Ya no importa.

Recuerdo tus manos al tocarme, tus ojos cerrándose mientras nos abrazábamos y olías mi pelo y, por lo bajo, decías: “que rico gusto a vainilla tenés“. Tus manos se enredaban en mi pelo largo y revoltoso, caían suaves en la marea pesada de hilos negros y castaños. Sentía la punta de tus dedos anudándose en una trenza cálida y paternal, tan vos. Guardé esos momentos como tesoros, guardé cada huella de tus palabras para poder corregirme. Pero esto pasó hace tiempo, largo tiempo, ya sé. Días, meses después y en algún momento años. 
¿Por qué me acuerdo? Pasan siglos y no hay clavo ni vino que quite de mi cuerpo lo que tu nombre me evoca, Federico.


miércoles, 19 de septiembre de 2018

Cápsula





Mañana podemos morir y dejar de ser lo que hacemos.
Dejar de hacer, dejar de sentir ¿te imaginas?
Dejar de tocar tus manos, de besarte, de lamerte, de morderte.
Dejar que, como si el tiempo nos hubiera calcinado, no estemos más enlazados, 
hambrientos, sedientos.

No quiero morir sin tu beso,
sin tu fiebre,
sin todo el calor que me das cuando te veo,
cuando te siento, 
cuando, por un segundo, pienso en tu voz en mi cuello,
mutando en pequeños espasmos que se avecinan a mis manos,
que se aproximan a mi piel,
que se anudan, tal vez, en mis relieves.

No quiero morir sin desnudarte,
sin posar mi lengua por cada centímetro,
por cada milímetro de piel que me dejes roer.

No quiero morir sin que me desarmes de nuevo,
sin que me alejes del tiempo real donde estamos parados,
sin los suspiros al viento,
sin el abrazo por la espalda, 
sin beber la miel de tu cuerpo.

Mañana podemos morir y no voy a hacer lo que no dejamos que sea.

©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Nubes en mis ojos



Séptima nube sobre tu cuerpo desnudo.
Prisa.
        Silencio.
Entusiasmo.

Debería descolgarte del pedestal algún día,
debería internarme con vos en una habitación (otra habitación) y tratar de robarle al tiempo el silencio y el vacío,
robarle a los años todas esas noches de verano, 
detener el encanto del tiempo que pasó y volvernos pendejos,
llenos de irreverencia, repletos de pulsión, de pasión, de edulcorante y miel.


Octava nube sobre tu cuerpo desnudo,
sigue pasando el tiempo 
y el reloj que me dice que ya es madrugada,
que mañana voy a arrepentirme de tenerte en mi cama,
de despertar con vos,
de prepararte el café y las tostadas,
de sonreírte estúpidamente mientras te doy la toalla para que te bañes,
de bañarme mientras te vas en tu auto y de sonreír mientras me borro los rastros de vos
¿Cómo quitar los besos? ¿Con qué perfume de jabón taparé la presión de tus manos?
¿Por qué recordaré ese aroma?

Novena nube sobre tu cuerpo desnudo,
las cuento a medida que el cielo se acomoda entre mis ojos y vos.

©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥

viernes, 20 de julio de 2012

Amigos


El sexo con él ya no era una circunstancia. Yo esperaba inquieta, mientras él servía algo para tomar. Una copa de vino, y un chocolate eran la excusa de esa noche. Tomó mi mano y me llevó a la habitación. Puso un disco de Sumo  y me invitó a brindar por la lluvia; lluvia que según él era menos ruidosa si yo estaba a su lado. Quizás me besó el cuello o las mejillas, no recuerdo bien, pero me dijo que me deseaba y que mi cabello olía siempre bien.
Sus piernas eran bastante largas, mucho más que las mías y en ese incómodo sillón borravino –del estudio de abogados con el nombre de su padre- me invitó a besarlo. 
Mientras me acariciaba el pelo y sus besos iban por mi cuello, me distraje mirando sus cuadros, sus estantes, aquella figura hipnótica de Miró, la pila de libros y las fotos de su último viaje.
Los ojos de Federico se cerraron y sin querer los míos también. De pronto se paró y me pidió que lo desnudara. Mis manos temblaban pero yo me dejé seducir por el juego. Los dos teníamos ganas de estar juntos pero yo sólo pensaba en aquel secreto que me llevó hasta su casa.

jueves, 4 de agosto de 2011

Arco Iris


Quiero olerte el vientre de magnolia.
Sentir tu estómago y tus latidos como música
Navegar tus costillas con mis dedos, dibujando círculos rojos con mis uñas y encerrar en pliegues tu piel rubí.

Quiero acariciar tu pelo, suavemente y con tironcitos.
Teñirte de espuma el cuerpo, y rociarlo con un arco iris magenta y azul.
Llevarte hasta la luz de la vela, contemplar tu figura y besarte tanto pero tanto que de nuestras bocas salgan mariposas color fuxia.
Reanudar en cada beso los destellos y perfumarte los ojos con mis manos de algodón.
Quiero eso y abrazarte para siempre, hasta morder tus labios de piel, otra vez.



miércoles, 27 de julio de 2011

Oliverio y Ana


Lamía el pedestal con los mismos nudos de siempre. Él sólo producía gemidos y contracciones de excitación. El péndulo giró en torno a sus labios.
La calesita giraba dentro de su garganta hasta ahorcarla.
Abrió las piernas y comenzó a devorar su sexo sediento. La dama que poco sabe de silencios, interrumpió la mirada con la lengua, mordiendo los labios de su hombre. El pudor de las piernas lo atraían como imán. Lejos e inmóvil lo atrapaba.
La rosa paciencia ardiendo en tempestades.
Es el morbo lo que da aliento a sus miradas. El morbo oscuro de lamerse mutuamente sobre sí mismos hasta bifurcarse.
- Que se pegue mi lengua en tu cuerpo pero para siempre! gritó Oliverio rendido.
- Ningún espasmo es para siempre, a menos que los dos sepamos volar, retrucó Ana.
La cama nublada, las sábanas enfermas de fluidos y sudores, la poca luz que entraba por la ventana los encontró desnudos y entrelazados.
Una gota de amor los invadió repentinamente, pero sólo Oliverio sabía cuan duras eran las dagas del adiós en cualquier despedida.

Texto inspirado en el amor, pero también en la película El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela. La foto que acompaña es una captura del film.

viernes, 27 de mayo de 2011

Ojos impúdicos


Los ojos del tiempo, los del olvido.
Aquellos que fundaron su gracia en lo más alto de la cima. Aquellos, víctimas de todo y de nada a la vez.
Su boca diminuta y de fresa, su perfecta figura disimulando gestos de amor.
Su piel como un diablo en mi boca, atragantando y lamiéndome la sien.
Pero sobre todo, sus ojos impúdicos de fuego, sonando a la par de su boca, temiendo y asechando el presente.
Promulgando futuros escapes furtivos, invadiendo mi mente y mis ojos carnales, invadiendo aquello que creo cierto.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Soñar que no te has ido


Hay hombres a los que volvería mil veces.
Hombres que pasaron por mi vida y fueron nichos de tormentas y sol.
Hombres que marcaron con su fuego sagrado, un altar de sonrisas.
Me debo un café, una cerveza, una cama y hasta el placard con algunos.
Soñar con aquel hombre de cintas plateadas en el pelo, el de los ojos profundos y mirada penetrante o con el mítico cantante de moda que prometió canciones y luego sonaban en todas las radios sin poder evitar recordar su voz, o incluso con el endiablado niño que me atrapó con su fuego interno y su energía sideral hasta abrirnos para no desteñir más un amor imposible.
Y nada tiene que ver con el deseo actual, sino con ver lo impostergable de algunas viejas/nuevas sensaciones.
No en vano, vivo soñando esos encuentros y volviendo quizás a las raíces de viejas odiseas.
En cierta medida siempre hay un retorno constante al pasado, no en símbolo de melancolía sino en símbolo de entendimiento y paz.

jueves, 3 de marzo de 2011

Bailar


Dejar que el cuerpo hable.
Que la danza circule en mi vientre como un mundo exacto de brillo.
Dejar que el cuerpo caiga en la tentación del movimiento.
Que fluya mi espíritu por el aire, hasta apretar los pies al suelo.
Dejar que la danza construya mi cuerpo, que pueda achicar las distancias de la música aprendiendo a explorar el rítmo sin pensar en nada más que ese momento.

martes, 25 de enero de 2011

571 - Derretida



Guantes blancos hasta el ventanal.
Baldosas flojas y tempestad.
La lluvia anaranjada arruina mi corazón, se esconderá mi alma de vos, otra vez.

Otra madrugada que anochece mientras camino desnuda por la calle, helada.
Como si la ropa me pasara una tonelada, pero llena de frío y trampas.
Nubes de almidón derretidas
caricias rotas,
otra tempestad en soledad mientras te espero.

Rogando a la madrugada tus besos brujos que me hechicen de nuevo,
herida, quemada y derretida nuevamente.
Voy a tratar de no escaparme esta vez, de mí.
Y si pasa el milagro, allí estaré en la libertad del juego

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...