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jueves, 13 de junio de 2019

Los días de silencio





Los días de silencio se parecen a un monasterio, sin redes sociales, comiendo frutas y verduras, pensando en el cuidado del cuerpo y de la piel. 

Los días en silencio voy a tientas por la casa, no me importa encontrarme pedazos míos en el piso, mientras tenga minutos libres para poder respirar. 

Los días en silencio voy buscando en tu boca los manjares, ese baño blanco del cuerpo, esa tibia razón de tu ser en mi locura, la única capacidad de asombro que no quiero perder. 

Los días en silencio me cuestiono todo. Miro el cristal que me regalaste hace meses, antes de mi partida. Observo el cristal, (que decías tan transparente) y solo veo manchones que me dejan, así, ver otras cosas. Que increíble es la inocencia, me digo. Pero acumulo palabras que contribuyen al silencio, como una forma de decirme te quiero, como una forma de preservarme del dolor de saber la verdad que intentas ocultar desde entonces. 

Los días de silencio se parecen a la ausencia. Entonces, en esta primavera con aroma a verano, habrá que emprender el camino a la reconstrucción. 

©Angie Pagnotta-Depersia

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Delicia espesa


Nota aclaratoria: en el último tiempo se me ha dado por escribir sobre imágenes que saco, en este caso una foto mía intervenida con palabras. Si gustan de verlas, pueden seguirme también en mi instagran @angiepagnotta y en @matesliterarios donde muchas imágenes están para tentar al lector.

martes, 4 de diciembre de 2018

Mientras tanto



Desearte en secreto,
bajo el manto irresistible del silencio,
bajo la alquimia de las palabras mudas,
bajo todas las palabras que invento
para atraerte a mis manos.

A veces te leo y quisiera ser parte de la tinta, espesa e inquieta,
ser parte del chorro negro que cae,
y dibuja los contornos de las letras,
y contiene, seguro, otra mujer, otro nombre, otra piel.
¿Cómo adivinar la cartografía del amor?
Si entre tus lunares,
tus labios
y lo que intuyo de tus besos,
podría dibujarte con los ojos vendados.

¿Cómo llegamos a esto?, me pregunto,
¿Cómo llegué?
                      mientras tanto, en la distancia,
absorbo el perfume que dejas al terminar de leer este poema.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Veneno amargo



Todavía hay peligro, me digo. Tus fragmentos aún están unidos a mi cuerpo. En algún lugar de mi estratosfera te repito, te siento, te pienso. Habían pasado años, eso también lo recuerdo. Meses, días, años, millones de años sin saber de VOS. Agua bajo el puente, témpanos, praderas, silencios. Años de suposiciones, de creencias, de confiar mi destino en la fe; esa fe ciega que dice y repite en loop: “las cosas son mejores así“. Mar furioso, me digo.

¿Cómo no involucrarse de nuevo, si nunca dejé de pensarte? 
Te esperé siglos. Siglos esperé este momento. Estar de nuevo frente a tu boca, y acá no puedo escapar a la verdad de pronunciar y de escribir las palabras acalladas pero justas: esa boca de fuego, carnosa, siempre a punto de ser devorada por mi boca; esa boca por la que hubiera atravesado océanos, por la que hubiera matado a cualquiera, esa boca de ella, mía, tuya, tan tuya, casi incomparable con otras bocas, pero ciertamente inolvidable. Eso sí lo recuerdo bien.

La menta y el mentol flotaban en el aire. La cerveza en tus cachetes, también. Negar hasta lo imposible, me dije antes de salir de casa. Negarlo todo, negarlo bien. Pero ahí estabas, a dos centímetros de mi boca, a dos minutos de estallar contra mis labios, a dos minutos de arrepentirme de todo y, a la vez, de disfrutarte, porque de eso se trata todo en la vida, al final, de disfrutar. Pero ya no quiero que sea al final el disfrute, que sea principio.

Y el principio de todo fue tan turbulento, Federico, tan turbulento que no podría retroceder a cero y ser otra. Porque quiera o no, fui la que soy porque fuiste conmigo. ¿Te acordás que vos me buscabas y yo ni te registraba? En la oficina siempre miraba a un costado cuando hablabas, siempre esquivándote. Cuando era el horario del almuerzo yo inventaba cualquier excusa para no sentarme con vos, y las veces que por algún motivo quedábamos juntos, hacía sonar celulares que no existían para levantarme e irme al patio a hablar con la mujer-máquina que en el 113 te daba la hora ¿En qué momento todo se dió vuelta? ¿En qué momento pasé de ignorarte a llevarte café a tu oficina cuando sabía que era la hora en que te morías por tomar un café? ¿En qué momento pasé de no reírme de tus chistes a festejarte cualquier gansada que dijeras, incluso las que no me hacían reír? ¿En qué momento dejé de esquivarte la mirada, para morir por un segundo de tus ojos en los míos? A veces rebobino casi a cero, pero ese momento nunca supe encontrarlo en mi memoria, jamás. Veneno amargo, siempre amargo el no recordar y de tan amargo, casi necesario (casi).

Y allí, entonces, a dos centímetros del precipicio, a dos milésimas de segundo de comernos la boca, los ojos, la mirada, el cerebro y las manos, a dos minutos de aniquilar nuestra piel contra la piel del otro, de morder, de bordear, de lamer, de pedirte más, de acariciarte, de dejarme, de que te dejes; allí, a fragmentos de milésimas de segundo, a un segundo antes y como en las peores pesadillas, me desperté y ya no supe cómo llamarte, como pronunciar tu nombre.

lunes, 1 de octubre de 2012

Ensoñación


Soñé con tu figura, tal como eras antes. Un vestido largo floreado, el pelo fino, ondulado con el flequillo inquieto. Soñé que nos cruzábamos en la calle, yo te miraba sorprendida, miraba a los costados y vos con una sonrisa, decías palabras indecibles en la realidad, palabras que jamás escucharé nuevamente. Soñé que un abrazo nos unía, y ese abrazo era real. Soñé que todo pasaba, y que las dos entendíamos pero también me desperté y entendí la verdad.

martes, 22 de noviembre de 2011

El remedio de mí


Creo que a veces muero y otras caigo presa de mí, entonces busco el remedio infalible del olvido y apago mis ojos en el tibio cajón de luto.
Otras veces suplico a mordidas jirones de piel para convertirme en otra enmascarada más y así olvidar los tontos "peros".
Algunas noches caigo en la inmensa irrealidad de mi ser, y me busco entre aquellas figuras del pasado, con tal de desmenuzar lo poco que queda de mí.
Hay, sin embargo, noches gentiles de amables recuerdos y sonrisas. Noches que huelen a perfumes, fragancias y sabores en los que me derrito con tal de no empalidecer.
Presa de todo el mal que me pesa dentro. De toda la lluvia derramada por tu silencio y del cáliz sagrado del que no quiero volver a beber.

martes, 23 de agosto de 2011

Silencio


Las palabras del silencio, las que se llevan tu voz.
Las que por lo bajo, me dicen que confíe, que no me preocupe, que todo va a estar bien.
Las únicas y dulces palabras, que no salen de tu boca por temor a arriesgarte.
Entro en una especie de fiebre, colapsa mi gesto tranquilo para volverse inquieto un rato.
Te pido más, te ruego.
Me pedís tranquilidad. Yo te pido respuestas.
Me pedís tiempo. Yo te pido acciones y palabras, y más palabras.
Y la fiebre por hablar o escribir no cesa.
Me callo. Consumo silencio.
Silencio en el desayuno, el almuerzo, la cena.
Silencio en el mate, en las tostadas y en la ropa.
Silencio, que se esconde en mis entrañas y no me deja ver la luz.
Silencio que calma, que espera.

Pero yo te pido respuestas y vos, me pedís tranquilidad.


La foto es propia, jugando con luces y sombras

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...