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miércoles, 26 de diciembre de 2018
Delicia espesa
Nota aclaratoria: en el último tiempo se me ha dado por escribir sobre imágenes que saco, en este caso una foto mía intervenida con palabras. Si gustan de verlas, pueden seguirme también en mi instagran @angiepagnotta y en @matesliterarios donde muchas imágenes están para tentar al lector.
martes, 27 de noviembre de 2018
Día 5 | Dos horas de vida entera
Todo fue besarnos. Todo fue volver a descubrir el cuerpo del otro, pese años años. Tocarnos. Creo que de a poco borré algunas huellas y planté otras. Eso lo supe ni bien confesaste lo más hermoso que te pueden decir en momentos así. Tranquilo, lo guardo para mí. Ardernos juntos. Sentir el calor de la piel hirviendo a 50 grados. Quemar todo y arder, si fuera necesario y lo era, lo fue. Besarnos como si no hubiera mañana, como si no existiera otra cosa que ese momento, que esa ingravidez que producen los besos más sensuales. Tomarte entre mis manos, olerte, sentirte, lamerte, perderme en tus formas, en tus texturas: sentirte. Así la vida, entera, aunque duren dos horas. Así, aunque tuviera que inventarme refugios posteriores para desprenderme de tu piel de reptil. Quemar todo y arder, de eso se trataba. Eso hicimos. Eso pasó.
martes, 7 de agosto de 2018
Inocencia II
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| PH David Cohen |
Caigo presa de una dualidad que me condena al encanto,
siempre caigo.
Allí estás gigante, inmenso, sumergido en una virilidad inquietante,
allí sos un hombre fuerte, potente, decidido,
y luego, en otra arista, se abre tu sonrisa de niño,
tus labios carnosos que seducen con inocencia,
tu mirada de cachorro ante un gesto, un gusto o un dulce, da lo mismo
todo esconde una mirada tierna que solo veo en algunos momentos
¿Cómo no encantarse ante esa dualidad?
¿cómo no querer perderse en uno y otro hombre de los que sos?
Allí, entonces, quiero arremolinarme entre tu boca,
quiero que te pierdas en mis besos,
quiero caber entre tus manos, entre tus pliegues,
quiero sacar lo peor y lo mejor de vos,
quiero morderte,
quiero hundir mis texturas en tu boca,
y que los pliegues de mi alma se retuerzan en tus labios,
y que vos –dual como sos– me abraces y me carnees,
me estires y me estremezcas,
me choques y me que descomprimas,
me desintegres,
me estalles,
me enmiendes,
y, por fin, me dejes cruzar hacia el abismo y perderme,
hundirme y perderme.
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