Todo fue besarnos. Todo fue volver a descubrir el cuerpo del otro, pese años años. Tocarnos. Creo que de a poco borré algunas huellas y planté otras. Eso lo supe ni bien confesaste lo más hermoso que te pueden decir en momentos así. Tranquilo, lo guardo para mí. Ardernos juntos. Sentir el calor de la piel hirviendo a 50 grados. Quemar todo y arder, si fuera necesario y lo era, lo fue. Besarnos como si no hubiera mañana, como si no existiera otra cosa que ese momento, que esa ingravidez que producen los besos más sensuales. Tomarte entre mis manos, olerte, sentirte, lamerte, perderme en tus formas, en tus texturas: sentirte. Así la vida, entera, aunque duren dos horas. Así, aunque tuviera que inventarme refugios posteriores para desprenderme de tu piel de reptil. Quemar todo y arder, de eso se trataba. Eso hicimos. Eso pasó.
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martes, 27 de noviembre de 2018
martes, 16 de octubre de 2018
Yo no me caí del cielo
¿En qué momento caerá el rayo?
Si ante tu cuerpo, caigo.
Si ante tus ojos, caigo.
¿Es posible desencantar este enredo?
¿En algún tiempo será posible?
La distancia marca un pulso, quizás,
un ritmo en el que estos besos estarán en otro océano,
en otro barco, en otro tiempo.
¿Podrás soportar nuevamente la ausencia?
Nada de esto pasaría si no nos hubiéramos encontrado en la calle,
si justo no te hubiera visto pasar por la vereda,
si justo, justo
¿A quién le toca ahora creer esa mentira?
Hacemos lo que hacemos porque nunca debimos dejar de hacerlo,
eso te diría ahora,
eso te diré mañana.
Solo somos presente, instante eterno del ahora en el que te miro y caigo,
una vez más, caemos, una vez más somos perfectamente imperfectos,
y la boca del otro, así, en ese instante, es el mejor momento de nuestra vida.
Nena, hay alegrías y alegrías / hay mucho vino malicioso / y poco vino del mejor.
domingo, 30 de septiembre de 2018
El profeso
No quedan registros de la noche. No quedan registros del silencio. Quedan las huellas de cada una de las palabras que dijiste ¿Te acordás de todas las frases? ¿de todas las palabras? Las promesas, las risas, los retos, las caricias. Cada mirada, cada profunda e intensa mirada que me diste. Tus ojos grises terciopelo clavándose como dagas en mis ojos marrones azabache. Y fuego, creo que había fuego. Eso también lo recuerdo.
Algunas palabras decían que te morías de ganas de besarme desde el primer día en el que abriste la puerta y ahí estaba yo, nerviosa y sonriente. Yo dudé, me reí, me puse colorada y te pregunté varias veces si era en serio lo que decías. “Nunca hablé tan en serio“ respondiste. Sabía que mentías, pero no importaba. Ya habías dicho todo, en unas cinco líneas te habías declarado culpable, tan culpable que te daba culpa lo que me decías. Retrocedías y avanzabas 25 casilleros en búsqueda de algo que, sabías, podía pronunciarse cierto. Pero algo te detuvo. Nunca supe bien. Ya no importa.
Recuerdo tus manos al tocarme, tus ojos cerrándose mientras nos abrazábamos y olías mi pelo y, por lo bajo, decías: “que rico gusto a vainilla tenés“. Tus manos se enredaban en mi pelo largo y revoltoso, caían suaves en la marea pesada de hilos negros y castaños. Sentía la punta de tus dedos anudándose en una trenza cálida y paternal, tan vos. Guardé esos momentos como tesoros, guardé cada huella de tus palabras para poder corregirme. Pero esto pasó hace tiempo, largo tiempo, ya sé. Días, meses después y en algún momento años.
¿Por qué me acuerdo? Pasan siglos y no hay clavo ni vino que quite de mi cuerpo lo que tu nombre me evoca, Federico.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Cápsula
Dejar de hacer, dejar de sentir ¿te imaginas?
Dejar de tocar tus manos, de besarte, de lamerte, de morderte.
Dejar que, como si el tiempo nos hubiera calcinado, no estemos más enlazados,
hambrientos, sedientos.
No quiero morir sin tu beso,
sin tu fiebre,
sin todo el calor que me das cuando te veo,
cuando te siento,
cuando, por un segundo, pienso en tu voz en mi cuello,
mutando en pequeños espasmos que se avecinan a mis manos,
que se aproximan a mi piel,
que se anudan, tal vez, en mis relieves.
No quiero morir sin desnudarte,
sin posar mi lengua por cada centímetro,
por cada milímetro de piel que me dejes roer.
No quiero morir sin que me desarmes de nuevo,
sin que me alejes del tiempo real donde estamos parados,
sin los suspiros al viento,
sin el abrazo por la espalda,
sin beber la miel de tu cuerpo.
Mañana podemos morir y no voy a hacer lo que no dejamos que sea.
©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥
©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥
domingo, 16 de septiembre de 2018
Alguien saldrá derrotado
La mecha de tus ojos se enciende contra mis besos. Lo sé, lo recuerdo.
Soy derrotada por las palabras, por ellas, por cada una. Soy derrotada por cada silencio, cada espera, cada ruptura.
Los besos muerden la sal de los labios y, en ese desierto, tal vez, ya nada se encuentre.
©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥
miércoles, 12 de septiembre de 2018
Nubes en mis ojos
Séptima nube sobre tu cuerpo desnudo.
Prisa.
Silencio.
Entusiasmo.
Debería descolgarte del pedestal algún día,
debería internarme con vos en una habitación (otra habitación) y tratar de robarle al tiempo el silencio y el vacío,
robarle a los años todas esas noches de verano,
detener el encanto del tiempo que pasó y volvernos pendejos,
llenos de irreverencia, repletos de pulsión, de pasión, de edulcorante y miel.
Octava nube sobre tu cuerpo desnudo,
sigue pasando el tiempo
y el reloj que me dice que ya es madrugada,
que mañana voy a arrepentirme de tenerte en mi cama,
de despertar con vos,
de prepararte el café y las tostadas,
de sonreírte estúpidamente mientras te doy la toalla para que te bañes,
de bañarme mientras te vas en tu auto y de sonreír mientras me borro los rastros de vos
¿Cómo quitar los besos? ¿Con qué perfume de jabón taparé la presión de tus manos?
¿Por qué recordaré ese aroma?
Novena nube sobre tu cuerpo desnudo,
las cuento a medida que el cielo se acomoda entre mis ojos y vos.
©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥
♥♥♥
martes, 7 de agosto de 2018
Inocencia II
![]() |
| PH David Cohen |
Caigo presa de una dualidad que me condena al encanto,
siempre caigo.
Allí estás gigante, inmenso, sumergido en una virilidad inquietante,
allí sos un hombre fuerte, potente, decidido,
y luego, en otra arista, se abre tu sonrisa de niño,
tus labios carnosos que seducen con inocencia,
tu mirada de cachorro ante un gesto, un gusto o un dulce, da lo mismo
todo esconde una mirada tierna que solo veo en algunos momentos
¿Cómo no encantarse ante esa dualidad?
¿cómo no querer perderse en uno y otro hombre de los que sos?
Allí, entonces, quiero arremolinarme entre tu boca,
quiero que te pierdas en mis besos,
quiero caber entre tus manos, entre tus pliegues,
quiero sacar lo peor y lo mejor de vos,
quiero morderte,
quiero hundir mis texturas en tu boca,
y que los pliegues de mi alma se retuerzan en tus labios,
y que vos –dual como sos– me abraces y me carnees,
me estires y me estremezcas,
me choques y me que descomprimas,
me desintegres,
me estalles,
me enmiendes,
y, por fin, me dejes cruzar hacia el abismo y perderme,
hundirme y perderme.
viernes, 20 de julio de 2012
Amigos
El sexo con él ya no era una circunstancia. Yo
esperaba inquieta, mientras él servía algo para tomar. Una copa de vino, y un
chocolate eran la excusa de esa noche. Tomó mi mano y me llevó a la habitación.
Puso un disco de Sumo y me invitó a
brindar por la lluvia; lluvia que según él era menos ruidosa si yo estaba a su
lado. Quizás me besó el cuello o las mejillas, no recuerdo bien, pero me dijo
que me deseaba y que mi cabello olía siempre bien.
Sus piernas eran bastante largas, mucho más que
las mías y en ese incómodo sillón borravino –del estudio de abogados con el
nombre de su padre- me invitó a besarlo.
Mientras me acariciaba el pelo y sus besos iban por mi cuello, me distraje mirando sus cuadros, sus estantes, aquella figura hipnótica de Miró, la pila de libros y las fotos de su último viaje.
Mientras me acariciaba el pelo y sus besos iban por mi cuello, me distraje mirando sus cuadros, sus estantes, aquella figura hipnótica de Miró, la pila de libros y las fotos de su último viaje.
Los ojos de Federico se cerraron y sin querer los
míos también. De pronto se paró y me pidió que lo desnudara. Mis manos
temblaban pero yo me dejé seducir por el juego. Los dos teníamos ganas de estar
juntos pero yo sólo pensaba en aquel secreto que me llevó hasta su
casa.
jueves, 4 de agosto de 2011
Arco Iris

Quiero olerte el vientre de magnolia.
Sentir tu estómago y tus latidos como música
Navegar tus costillas con mis dedos, dibujando círculos rojos con mis uñas y encerrar en pliegues tu piel rubí.
Quiero acariciar tu pelo, suavemente y con tironcitos.
Teñirte de espuma el cuerpo, y rociarlo con un arco iris magenta y azul.
Llevarte hasta la luz de la vela, contemplar tu figura y besarte tanto pero tanto que de nuestras bocas salgan mariposas color fuxia.
Reanudar en cada beso los destellos y perfumarte los ojos con mis manos de algodón.
Quiero eso y abrazarte para siempre, hasta morder tus labios de piel, otra vez.
lunes, 9 de mayo de 2011
Texturas físicas

Que extraña forma y objeto es. Que dulce y habitada pradera de encantos en la piel.
Cuan firme y estimulante resulta su textura. Que delicado y torcido permanece después.
Suelto su piel, como un alga dormida en el mar.
Se desprende la caudalosa pósima que se bebe a tragos y sorbos.
Fuego, esperanzado ardor uterino desprendiendo fuego inquieto.
Después del abrazo, canciones y calma para dormir el balls de la muerte.
Nacer, inquietud.
Los ojos marrones castigan el tiempo.
Fuego y sombra.
Calor y figura.
Que extraña forma y objeto es. Dulce, agrio, amargo y seco.
Como una oliva en pleno océano, como un vino cosechado hace 25 años, como su sien dorada en el tiempo y los cristales de su mano cayendo como gotas del cielo.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Soñar que no te has ido

Hay hombres a los que volvería mil veces.
Hombres que pasaron por mi vida y fueron nichos de tormentas y sol.
Hombres que marcaron con su fuego sagrado, un altar de sonrisas.
Me debo un café, una cerveza, una cama y hasta el placard con algunos.
Soñar con aquel hombre de cintas plateadas en el pelo, el de los ojos profundos y mirada penetrante o con el mítico cantante de moda que prometió canciones y luego sonaban en todas las radios sin poder evitar recordar su voz, o incluso con el endiablado niño que me atrapó con su fuego interno y su energía sideral hasta abrirnos para no desteñir más un amor imposible.
Y nada tiene que ver con el deseo actual, sino con ver lo impostergable de algunas viejas/nuevas sensaciones.
No en vano, vivo soñando esos encuentros y volviendo quizás a las raíces de viejas odiseas.
En cierta medida siempre hay un retorno constante al pasado, no en símbolo de melancolía sino en símbolo de entendimiento y paz.
jueves, 3 de marzo de 2011
Bailar

Dejar que el cuerpo hable.
Que la danza circule en mi vientre como un mundo exacto de brillo.
Dejar que el cuerpo caiga en la tentación del movimiento.
Que fluya mi espíritu por el aire, hasta apretar los pies al suelo.
Dejar que la danza construya mi cuerpo, que pueda achicar las distancias de la música aprendiendo a explorar el rítmo sin pensar en nada más que ese momento.
martes, 25 de enero de 2011
571 - Derretida

Guantes blancos hasta el ventanal.
Baldosas flojas y tempestad.
La lluvia anaranjada arruina mi corazón, se esconderá mi alma de vos, otra vez.
Otra madrugada que anochece mientras camino desnuda por la calle, helada.
Como si la ropa me pasara una tonelada, pero llena de frío y trampas.
Nubes de almidón derretidas
caricias rotas,
otra tempestad en soledad mientras te espero.
Rogando a la madrugada tus besos brujos que me hechicen de nuevo,
herida, quemada y derretida nuevamente.
Voy a tratar de no escaparme esta vez, de mí.
Y si pasa el milagro, allí estaré en la libertad del juego
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