Mostrando entradas con la etiqueta alma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alma. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de mayo de 2019

Un poema para alguien que dice demasiadas cosas bonitas y, también, demasiadas cosas tontas



Toda la vida fuiste una mierda.
Una sombra de vos mismo.
Un lugar áspero donde acurrucarme.
Aún así, ahí estaba.
Aún así, me buscabas.
Aún así, te encontraba.

¿Qué se puede hacer cuando no hay silencio? Decir las palabras indecibles, decir lo que no debería decirse y hacerlo voz.

Quizás vuelva a tropezar con vos, con la piedra de tu boca.
tropezar de nuevo, sí,
pero no caer.

No más.
©Angie Pagnotta-Depersia


___

El poema también podría llamarse Brindo por tu ausencia.

sábado, 25 de agosto de 2018

Fiebre ucraniana

Daria Hlazatova
El cuerpo afiebrado. Los cristales rotos. Las astillas de los vidrios quemándome las manos. El cielo cada vez más gris. A lo lejos una incipiente lluvia gotea por en mi nuca y se desparrama por mi espalda. Sangrante, como un tendón recién cortado, la gota se hace saliva en mi cadera y allí, por la curva, se detiene. La temperatura sube, asciende, se contagia hacia todo el cuerpo. Mis manos no pueden escapar del susurro de tu voz. Y yo me pregunto ¿hasta dónde? ¿hasta cuándo? ¿cuántas veces más caeré en tus mismas trampas? arrebatos que me invento para salir del tedio, para descansar de la vida, para sentir que, de a poco, se aproxima la sed que es todos los fuegos que tuve de vos. 

jueves, 18 de octubre de 2012

Los días y las noches. Las noches y los días



Días en los que se cree que todo está perdido.
Noches en las que se persigue una quimera, aunque sea por el mórbido placer de sentir esperanza.
Días en los que se siente que nada pasa, incluso aquellas cosas que son pasibles de suceder.
Noches en las que una sola demostración basta para querer seguir adelante
Días en las que se confían los sueños al mundo de las preguntas.
Noches en las que la propia confianza avanza con buenos deseos.
Días en los que es mejor terminar el mundo de un plumazo.

Días y noches en los que es mejor quedarse sólo con el amanecer, tratando de reconstruir y mejorar el alma.

lunes, 9 de mayo de 2011

Texturas físicas


Que extraña forma y objeto es. Que dulce y habitada pradera de encantos en la piel.
Cuan firme y estimulante resulta su textura. Que delicado y torcido permanece después.
Suelto su piel, como un alga dormida en el mar.
Se desprende la caudalosa pósima que se bebe a tragos y sorbos.
Fuego, esperanzado ardor uterino desprendiendo fuego inquieto.
Después del abrazo, canciones y calma para dormir el balls de la muerte.
Nacer, inquietud.
Los ojos marrones castigan el tiempo.
Fuego y sombra.
Calor y figura.
Que extraña forma y objeto es. Dulce, agrio, amargo y seco.
Como una oliva en pleno océano, como un vino cosechado hace 25 años, como su sien dorada en el tiempo y los cristales de su mano cayendo como gotas del cielo.

jueves, 10 de marzo de 2011

658 - Alejandra y el mar.


Ella hablaba principalmente de sus dos Alejandras en una.
Del combo misterioso que rodeaba sus pensamientos a la hora de afrontar la realidad.
De lo pesado que era sostenerse en una nube de realidad, sin sumirse profundamente en la depresión de la soledad y de las carencias afectivas que la torturaron desde su infancia.
Las relaciones con sus grupos sociales oscilaban entre la falsedad y la complacencia, sonrisas y caritas simpáticas, una salida cada tanto y fin del asunto.
Sus amores, eran como huellas en la playa. La marcaban en cada centímetro de piel, pero fácilmente los olvidaba.
Algunos, la podrían tildar de frívola, ya que pretendía entre sus fantasías tener una especie de cabaret de hombres para mujeres artístas o bohemias. Alejandra, incluso veía el cuerpo del hombre como un esparcimiento y entretenimiento o lo que ella misma decía "un lindo lugar para pasar el rato".
Pero lo que a ella especialmente la preocupaba, era encontrar los ojos y la mirada de un solo hombre. Ese que la tenía atrapada y entre lamentos. Ese, que negaba sus ojos rotundamente, quizás no por desprecio, sino por miedo o estupidez. Él no veía a la Alejandra alma, tierna, llena de hermosos sentimientos, dulce, niña. Él, veía lo que viron todos, una Alejandra desequilibrada, perdida, solitaria, apagada y frívola.
Nadie supo ver, aquella mirada tierna sobre el mar. Aquella niña dulce que sólo quería vivir y amar. Ella es el mar que adoraba, mar que la supo tragar hasta convertirse en ella.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...