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viernes, 12 de octubre de 2012

Latidos y silencios























Sus suaves manos acompañaban el ritmo de su ausencia.
una noche de primavera, se invitó a oscurecer.
Ella llevaba en su pelo, el perfume perfecto de los jazmines y
llevaba también la pálida sed de los durmientes.

Ella tendía su brazo, ahogaba sus nervios, bebía sin sed.
Cincuenta pastillas se desplegaron en su vientre, frágil, sin tregua
Latía la madrugada y el cuerpo se había quedado inmóvil.
Latía, como un león enjaulado en la cima de una montaña,
aullaba, como el recuerdo de algo que no recordaría jamás.

Sus labios y su voz, se habían quedado mudos por siempre.
Ella había terminado, tal como lo anticipó.
Alejandra, dulce e irónica, capricho de la vida,
sonrisa de sedas, musa de las musas.
Alejandra, llanto, pena, ansiedad y salvación.
Tus suaves manos acompañaron el ritmo de tu ausencia, tus suaves manos me dijeron adiós.

Dedicado a Alejandra Pizarnik

martes, 25 de septiembre de 2012

40 años sin Alejandra Pizarnik

En homenaje a los 40 años de la ausencia física de la escritora Alejandra Pizarnik, dejo un texto que escribí pensando en ella.


Los pasos de Alejandra:

Alejandra por momentos fue Flora, Pizarnik o simplemente A.P. Sus iniciales ahora dicen mucho pero en su momento – y para ella – no fueron nada. Alejandra vivió en un sobrio y desordenado departamento ubicado en la calle Charcas, propiedad de su madre. Una madre que nunca escuchó las alarmas y tampoco entendió las alertas.
Su ropa oscura, su pelo corto y su clásico Montgomery marrón eran casi lo único que la acompañaba. Nunca supo relacionarse con nadie –del todo ni demasiado- porque la gente o los extraños –como ella decía– la miraban raro o simplemente no la entendían.
La relación con su entorno no era del todo buena y tampoco lo era su vínculo con los hombres. Alejandra tenía mucho sexo ocasional del cual a veces se sentía culpable, incluso decidió acostarse con mujeres pero nunca pudo sentir el amor de nadie. Sus cartas con Julio Cortázar eran a penas un beso en la mejilla y aunque ambos expresaban desordenadas dosis de amor, ninguno se involucraba tanto como para asumir que algo más sucedía entre ellos.
Su cuerpo era la peor de sus cárceles, incluso más que su propia mente. Fumaba, caminaba ansiosa y simulaba muecas bobas o gestos complacientes con tal de que nadie entendiera demasiado o tal vez, sospechara.
Alejandra derramó sus ojos en el suelo de su casa, cuando tomó unas cincuenta pastillas para no despertar jamás. Dejó algunas cartas y anotaciones. Dejó también textos y relatos que luego se publicaron y todas las claves de su vida quedaron anotadas en su diario; diario que acabo de leer y ahora sólo me puedo preguntar: ¿por qué no te evité tanto dolor? ¿Por qué no llegué a tiempo, Alejandra?

Angie Pagnotta

jueves, 13 de octubre de 2011

Yo te siento, yo te bebo


Yo no te quiero Alejandra, yo te siento. Yo te huelo el alma entera entre tus caprichos de niña y tus castillos de utopías lejanas. Yo te quiero viva, bajo el abrazo de mi alma mendiga con tu alma acaramelada. Yo te siento temblar como hoja en el agua y te escribo poemas, cuentos y canciones, con tal de verte sonreír y que respires mi mismo aire. Me envuelvo en tus rincones y los lleno de tu magia hasta que desaparece el destino y vuelvo al día sin vos. Yo te presiento y me persigno. Te entierro y te explico por qué no debo ir aún con vos. Te siento dulce y distante, mi suave Alejandra. Yo te soy como el día y la noche juntas o como el mar que no deja quietas las olas ni en la madrugada y yo te siento y yo te bebo.
Vos, mi dulce, frágil, pequeña y niña Flora, ajustada a la temporalidad que me acorrala, te reclamo mía y completa, pura y diabla, hombre, mujer, amante y esclava.

Angie Pagnotta

martes, 4 de octubre de 2011

Noche blanca


Soy del tiempo y no soy de nadie. 
Soy dama muda en la noche blanca. 
Soy esperma hueco que cae súbito ante los ojos ajenos del cielo.
Soy lágrima en el ojo quieto, cortina de humo de cualquier campo, menos del que quiero.
Soy esperanza inherente al espacio y la última caricia de la noche.
Soy el susurro y el suspiro inmóvil, de este cielo eclipsado de estrellas y con ellas me voy, al camino etéreo.

Dedicado a mi amada Alejandra Pizarnik.

martes, 6 de septiembre de 2011

Impuntual



Dejé tendido el libro en la página 51. Llené la pava, y la puse a calentar esperando al lado, impaciente. No entiendo por qué cada vez que enciendo el fuego con un fósforo, me trago el primer humo que sale, casi por inercia.
Miro el celular con la misma inercia con la que me tragué el humo. No ha cambiado nada, salvo una cosa: pasó un minuto.
“No va a venir, es un cagón”, pienso mientras la pava es eterna y Juan lleva un minuto de impuntualidad.
Detesto la demora, y esperar. Mi papá decía que se es tan impuntual llegando antes como después. Lo trágico o aún más detestable es no llegar.
Me acuesto inmediatamente, la pava sigue hirviendo en la cocina. Me refugio en el diván del living como si fuera la segunda guerra mundial. El diván es mi trinchera, me tapo la cara con Agua Viva, el libro que antes detuve en la página 51.
¿Como un encuentro (que es todos los encuentros) ¿termina así?
Los jazmines del patio me llaman, todavía hay sol y estamos en primavera. Siento a las abejas bailar entre las flores del jardín y como las pequeñas hojitas de los crisantemos se mueven por el viento. Las risas de las niñas de mi vecina Alejandra, impactan con un rebote intenso en mi medianera. Todo es color de rosas por un rato, hasta que me doy cuenta que pasaron ocho minutos.
¿Cómo puede demorarse tanto una persona? Vivimos a penas a 15 minutos de colectivo. ¿Es posible que le haya pasado algo? O simplemente prefirió el silencio interminable y lleno de excusas de color gris?
Clarice Lispector vuelve a ser mi refugio. Estoy triste y algo antipática. Si viene ahora, ya no seré la misma Tamara de antes.
Suena mi celular, no quiero atender, pero mis manos con prisa acuden al llamado. Es Juan…claro!
“disculpame negrita, no voy a poder ir, me surgió algo impostergable, nos hablamos ¿si?” o “Bonita, te pido disculpas pero no voy a visitarte, estoy enfermo, tengo fiebre y me estoy yendo a la guardia” o el preferible y deshonesto (pero divertido) “Tami, acabo de subirme a un unicornio azul que me lleva a la isla del tiempo perdido, paso unos meses ahí, cuando vuelva nos hablamos”.
Pensando todo esto y -como quería- el teléfonito dejó de sonar. “Usted tiene un correo de voz, presione send para escucharlo”. Me llega un frío mensaje de texto de la compañía. Presiono send o ¿lo dejo latiendo eternamente?
Vuelvo a la página 51, caliento el agua nuevamente. Trago el humo del fósforo y me olvido de todos y de Juan, por un rato.

jueves, 5 de mayo de 2011

Comer y dormir. Vivir y disfrutar

Según una publicación del diario The Economist, comer y dormir son las principales actividades en la vida de países como Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Turquia, Alemania y Japón.
No creo que en Argentina, Chile, Uruguay o Venezuela la estadística demuestre otra cosa.
Es notable quizás ver y entender que pasamos tantas horas en hábitos que meramente son subsistencia y placer.
¿Qué lugar queda para el sexo, la literatura, el amor, el arte? o para Tinelli, Gran Hermano, bailando por un sueño o Viviana Canosa?
Las teorías oníricas, hablan entre otras cosas de que los sueños son la vida pura del inconsciente, pensandolo desde este punto, puede ser positivo que estemos durmiendo tantas horas. Pero no me conformo, la vida es aquí y ahora. Es este y no otro momento, ni el del descanso ni el de la comida.
Hay placer en ambas cosas, pero eso no es todo ni tampoco los únicos goces.
Existen Pizarnik, Cortázar, Paz, Nietzsche, Lispector y Kafka. Existe la música de Oasis, de Silvio Rodríguez o las rumbas de Puerto Rico y la bachata Colombiana. Existe Salvador Dalí, Gala, Eluard y el surrealismo. Existe el mar, los paseos en bicicleta, los viajes por la ventana del avión, los países que no conocemos, las islas y los paraísos.
Existe ese beso inolvidable, el que aún no llegó y el que se fue rápidamente.
Existe el sexo con amor, sin, con ropa, sin, el cuerpo, la piel, el acto, la agitación, la adrenalina y el cuerpo ajeno. El atardecer en el río, el contemplar el cielo, pensar en las estrellas. Está lo que escribimos en el aire, los castillos de arena, las canciones que nos transportan, los recuerdos de la infancia, nuestra familia, los hijos que tenemos o vendrán, están los abrazos, los amigos, la danza, la meditación, el yoga...están...existe...
Y por todo eso o por sólamente un amor, cambio tantísimas horas de comida y sueño.

lunes, 2 de mayo de 2011

Repetir el sentido


Cuando escribo siento muchas veces que repito ideas. Considero que algunas son justas e incluso es imposible concebirlas sin su insistencia.
Al respecto advierte Nietzsche en Más allá del bien y del mal, que es necesario repetir lo que tantas veces hemos dicho, en virtud de que nuestras verdades, pocas veces encuentran para ellas oídos complacientes.
Agregaría que debemos hacerlo no sólo en los dichos, sino en las lecturas y escritos y que incluso es en ellos donde termina de sustentarse su pronunciación.
Es entonces conveniente reflexionar una y todas las veces que sea necesario, cual es la idea que debe remarcarse y no hacer como Clarín, por ejemplo que insiste y repite la misma idea hasta hartar, incluso al que piensa igual.

La imagen es un dibujo realizado por la escritora Alejandra Pizarnik

lunes, 25 de abril de 2011

Bio-Literatura


Ciertas biografías me dan esperanzas, entiendo que no hace falta escribir muchas novelas para ser exitoso, tal como lo hizo Franz Kafka o incluso la propia Alejandra Pizarnik que nunca llegó a escribir "la novela" que tanto ansiaba.
La bio-literatura, concepto propio del que desprendo todos y cada uno de mis actos, tiene un fin último y es ser leída.
Sea este blog, un libro futuro, los mails, mis cuadernos. Siento la necesidad de expresar, decir y anunciar. De gritar con palabras y metáforas sin lugares comunes, aquello que digo con mi vida.
Plasmar, amar, tocar...aquel manto de estrellas sin nombre pero con significado.

jueves, 10 de marzo de 2011

658 - Alejandra y el mar.


Ella hablaba principalmente de sus dos Alejandras en una.
Del combo misterioso que rodeaba sus pensamientos a la hora de afrontar la realidad.
De lo pesado que era sostenerse en una nube de realidad, sin sumirse profundamente en la depresión de la soledad y de las carencias afectivas que la torturaron desde su infancia.
Las relaciones con sus grupos sociales oscilaban entre la falsedad y la complacencia, sonrisas y caritas simpáticas, una salida cada tanto y fin del asunto.
Sus amores, eran como huellas en la playa. La marcaban en cada centímetro de piel, pero fácilmente los olvidaba.
Algunos, la podrían tildar de frívola, ya que pretendía entre sus fantasías tener una especie de cabaret de hombres para mujeres artístas o bohemias. Alejandra, incluso veía el cuerpo del hombre como un esparcimiento y entretenimiento o lo que ella misma decía "un lindo lugar para pasar el rato".
Pero lo que a ella especialmente la preocupaba, era encontrar los ojos y la mirada de un solo hombre. Ese que la tenía atrapada y entre lamentos. Ese, que negaba sus ojos rotundamente, quizás no por desprecio, sino por miedo o estupidez. Él no veía a la Alejandra alma, tierna, llena de hermosos sentimientos, dulce, niña. Él, veía lo que viron todos, una Alejandra desequilibrada, perdida, solitaria, apagada y frívola.
Nadie supo ver, aquella mirada tierna sobre el mar. Aquella niña dulce que sólo quería vivir y amar. Ella es el mar que adoraba, mar que la supo tragar hasta convertirse en ella.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...