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viernes, 14 de septiembre de 2012

Germán


Me hice una trenza en el pelo, me senté y me fumé sus cigarrillos. Germán estaba acostado en mi colchón y yo no podía dormirme. Eran apenas las 3 de la mañana y el whisky se había terminado en mi antipática mesita ratona. Miré la alfombra y vi sus calzones. A un costado -en la cerámica blanca- observé uno de sus cabellos: inconfundibles, rizados y de un oro profundo, casi enredados sobre sí. Detesto sus pelos en mi cerámica, detesto estar en esta situación.
Tomé una botella de agua, me senté en el sillón frente al balcón y pensé un largo rato sobre tomar una decisión. No podía echarlo, tampoco quería. Era tarde, casi las 4 y quizás el pronóstico esta vez no fallaría. No podía echarlo y menos ahora.
Germán tosió o estornudó, o hizo un ruido horrible que me hizo volver a mirarlo. Allí estaba, ovillado, desgarbado y torcido. Se le veía el culo porque estaba todo enmarañado en la sábana gris. Mi gato lo miraba con recelo, él le había quitado su lugar y su orgullo no le permitiría compartir el botín acolchonado.


Me fui al baño y me pregunté en el espejo qué debía hacer. No creía en mis decisiones como tampoco creía en sus palabras. Sus acaramelados deseos no eran gotas de alivio, eran -muy en el fondo- simples palabras.
Me fui de mí. 
Me terminé el quinto cigarrillo y me acomodé entre mis sábanas y su cuerpo pero el gato seguía y nos miraba con recelo. 

martes, 4 de octubre de 2011

Noche blanca


Soy del tiempo y no soy de nadie. 
Soy dama muda en la noche blanca. 
Soy esperma hueco que cae súbito ante los ojos ajenos del cielo.
Soy lágrima en el ojo quieto, cortina de humo de cualquier campo, menos del que quiero.
Soy esperanza inherente al espacio y la última caricia de la noche.
Soy el susurro y el suspiro inmóvil, de este cielo eclipsado de estrellas y con ellas me voy, al camino etéreo.

Dedicado a mi amada Alejandra Pizarnik.

viernes, 19 de agosto de 2011

Noche

A veces se necesita sólo mirar el mar
o incendiar la noche en la triste calma.
otras veces sólo con palabras se silencian los ojos que piden amor,
pero otras veces, sólo son necesarias las manos
para llegar a curar las heridas y el rencor.



La foto es de un cuadro que acabo recién acabo de pintar.

martes, 19 de abril de 2011

Encuentro fugaz


La propuesta sigue en pie, la dama cruzó la calle y arrojó su paraguas al vacío.
La percepción de la lluvia, el ruido quieto de la luna distante, las manos contemplando las gotas que levemente caían en sus dedos.
La piel se le volvió aire, y los chispazos de fuego entraron en su vientre.
El invierno no puedo con su brisa, su pelo mojado y su sonrisa gigante como el cielo, abrían su mirada eterna.
Los coches circulaban, mientras ella seguía bailando en la oscuridad.
La mano de un hombre fue calor en su hombro, las miradas se encontraron y hubo un silencio que apenas pudieron escuchar.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...