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domingo, 31 de marzo de 2019
domingo, 25 de noviembre de 2018
Día 7 | De boca a tu boca
Todo comenzó con un pequeño fuego en tu labio inferior. Lo recuerdo bien. Hacía un poco de frío y los dos íbamos en un taxi camino a un nuevo bar. Era tarde pero no tanto como para querer volver a casa y, además (siendo honesta) no quería volver a otro lugar que no fueran tus besos, esos besos que recordaba a fuego. Lo supe antes de salir, lo confirmé después. De pronto un bache. ¿O eso fue después?
Cierto, fue después.
Casi no puedo recordar la trama perfecta de lo dicho, recuerdo la Avenida, recuerdo que sonaba una música espantosa en la radio del taxista, recuerdo hasta la incomodidad de una de mis piernas demasiado en el medio del auto y la otra demasiado de costado, recuerdo que tenía calor por la calefacción, recuerdo que me preocupaba la cercanía de tu cuerpo y el mío, pero no puedo recordar exactamente que artilugio, que palabra, que tropiezo. Pero ahí tropezamos, vos con mi boca y yo con la tuya, dos bocas que se entienden más que cualquier otra boca. Deseo intacto, deseo eterno. Balbuceé. Todavía no aprendo a decir cuando no sé que decir. Dije pequeños gimoteos que podrían haber sido de un niño pequeño o de una adulta que a sus 30 años aún no sabe expresarse de forma correcta sin ser demasiado obvia, demasiado niña, demasiado transparente (guilty) Sonreímos, eso sí lo recuerdo. Tu sonrisa perfecta, desnuda de trampas: hermosa. Y luego un bache glorioso me tiró encima tuyo y nos volvimos a besar. En ese instante amé todos y cada uno de los baches de las calles de Buenos Aires. Amé todas y cada una de las fatalidades que, una vez más, me ponían de boca a tu boca.
Cierto, fue después.
Casi no puedo recordar la trama perfecta de lo dicho, recuerdo la Avenida, recuerdo que sonaba una música espantosa en la radio del taxista, recuerdo hasta la incomodidad de una de mis piernas demasiado en el medio del auto y la otra demasiado de costado, recuerdo que tenía calor por la calefacción, recuerdo que me preocupaba la cercanía de tu cuerpo y el mío, pero no puedo recordar exactamente que artilugio, que palabra, que tropiezo. Pero ahí tropezamos, vos con mi boca y yo con la tuya, dos bocas que se entienden más que cualquier otra boca. Deseo intacto, deseo eterno. Balbuceé. Todavía no aprendo a decir cuando no sé que decir. Dije pequeños gimoteos que podrían haber sido de un niño pequeño o de una adulta que a sus 30 años aún no sabe expresarse de forma correcta sin ser demasiado obvia, demasiado niña, demasiado transparente (guilty) Sonreímos, eso sí lo recuerdo. Tu sonrisa perfecta, desnuda de trampas: hermosa. Y luego un bache glorioso me tiró encima tuyo y nos volvimos a besar. En ese instante amé todos y cada uno de los baches de las calles de Buenos Aires. Amé todas y cada una de las fatalidades que, una vez más, me ponían de boca a tu boca.
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viernes, 6 de enero de 2012
Salir del pozo

Una mujer le suelta la mano a su amado. Él cae inevitablemente a un temible subsuelo formado por sábanas blandas. Su cuerpo se cae en un colchón textil de promesas incumplidas. Cae, como las mujeres que Oliverio dejaba caer desde su cama en la película El lado oscuro del corazón.
El hombre se arrastra hacia los bordes para poder subsistir. El golpe fue como un látigo en la espalda. Frío y certero como un cuchillo atravesando la piel.
Trata de ser fuerte, de salir, de expandir su fibra íntima de voluntad. Pero el látigo de su mujer fue tan fuerte y cruento que no puede salir. Él queda relegado en su caída y vive en los huecos de su pozo sin salida ni salvación.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Independencia de género
No mires. No encuentres. No aplaudas. No sonreías demasiado. Hacer la cama. Preparar la cena. Arropar a los niños. Dormir sola.
Los roles de la mujer han cambiado pero la esencia de algunos conservadores de antaño se sigue oliendo en las calles.
Los roles que hoy tenemos las mujeres argentinas están signados por nuestra voluntad, capacidad y deseo. Ya nadie dirá que tenemos que hacer, estudiar o decir. Ya tenemos entre las manos, la firme bandera de la independencia de género.
Ya podemos salir a la calle gustosas de sonreír, coquetear, disfrutar y complacer nuestros deseos.
Las mujeres de hoy somos lo que la lucha de las mujeres de antes nos legaron y es por ellas y nosotras que debemos seguir adelante.
jueves, 18 de agosto de 2011
Jimena
Ella se cree coqueta y feliz.
Circula por la vida con ese aire de mosquita muerta y sabelotodo.
Desfila por los pasillos haciendo preguntas tontas-huecas sin sentido.
Sonrisita falsa, una enorme casa minimalista/pop y unos cuantos centímetros de literatura en castellano, portugués e inglés - por si acaso y por las dudas - desparramados en su biblioteca flotante comprada en Palermo Soho o Las Cañitas.
Ella es excéntrica y peligrosa. Con sus juicios de valor a flor de piel, con su perfumito importado y sus blondos cabellitos de oro y rubí volando en el viento, apestando frivolidades.
Rodetito desinteresado, camisitas de lanilla yankee y un lápiz en la boca simulando ingenuidad.
Palabras tontas salen de su boca, palabras llenas de infantilismos y caprichos que devoran los corazones de los hombres patéticos, que la ven como presa fácil.
Ella es coqueta en sus enojos y a la vez mezquina.
Sabe tanto pero tanto, que teme no poder decirlo y por si acaso, grita, balbucea y explica sus inmensos orgullos culturales.
Se cree culta, digna e interesante, pero su perfume huele a sardinas enlatadas, aunque pretenda vestirlo de inteligencia y bondad.
Malos poetas la prefieren por su piel, hombres encaprichados desean sus tibias voluntades, pero ella solo se refugia en sus manos para abrazarse todas y cada una de las noches, para poder llorar sus miserias color plomo.
Oh, triste y lejana Jimena, triste y pálida soledad entre soles de cristal, triste y sola llorarás.
La foto es propia, jugando con las luces y la oscuridad.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Hubo / Hay
Hubo un ruido y un silencio. Monedas rodando por el piso. Manos entrelazadas. Café y vino tinto.
Hubo una mesa, cuatro piernas, un hombre y una mujer.
Hubo noches de rock y tango, madrugadas de amor y pernoctes llenos de promesas quitas.
Hubo caricias, un llamado por teléfono, voz, cuerpo y alma.
Hubo risas, mates, recuerdos y viajes planeados que jamás ocurrieron.
Hay una mujer, unas manos, dos piernas y el cielo por delante, ardiendo. Mordiendo. Inquietando...
miércoles, 27 de julio de 2011
Oliverio y Ana

Lamía el pedestal con los mismos nudos de siempre. Él sólo producía gemidos y contracciones de excitación. El péndulo giró en torno a sus labios.
La calesita giraba dentro de su garganta hasta ahorcarla.
Abrió las piernas y comenzó a devorar su sexo sediento. La dama que poco sabe de silencios, interrumpió la mirada con la lengua, mordiendo los labios de su hombre. El pudor de las piernas lo atraían como imán. Lejos e inmóvil lo atrapaba.
La rosa paciencia ardiendo en tempestades.
Es el morbo lo que da aliento a sus miradas. El morbo oscuro de lamerse mutuamente sobre sí mismos hasta bifurcarse.
- Que se pegue mi lengua en tu cuerpo pero para siempre! gritó Oliverio rendido.- Ningún espasmo es para siempre, a menos que los dos sepamos volar, retrucó Ana.
La cama nublada, las sábanas enfermas de fluidos y sudores, la poca luz que entraba por la ventana los encontró desnudos y entrelazados.
Una gota de amor los invadió repentinamente, pero sólo Oliverio sabía cuan duras eran las dagas del adiós en cualquier despedida.
Texto inspirado en el amor, pero también en la película El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela. La foto que acompaña es una captura del film.
lunes, 25 de abril de 2011
Escritura transeúnte

Escribo, como dice Carver, sin esperanza y sin desesperación, para quedarme desnuda y de una vez por todas entera.
Lo hago porque es la mejor manera que encontré durante estos años para comunicarme y para decir aquello que prefiero no enfrentar.
Enfrento mi vida detrás de una escritura transeúnte que me vigila al costado de la vía del tren, que siempre está a un paso de aplastarme, de llevarme a mil kilómetros por hora, pero cada vez que sucede, pasa algo. Una mano me saca del andén, del fuego de todos y cada uno de los trenes y me vuelve a la tierra, quieta y calma.
Escribo, porque es mi manera de comprender y entender este mundo que algún día abandonaré, y en mis espaldas quedarán estas y otras tantas líneas resucitadas.
martes, 19 de abril de 2011
Encuentro fugaz

La propuesta sigue en pie, la dama cruzó la calle y arrojó su paraguas al vacío.
La percepción de la lluvia, el ruido quieto de la luna distante, las manos contemplando las gotas que levemente caían en sus dedos.
La piel se le volvió aire, y los chispazos de fuego entraron en su vientre.
El invierno no puedo con su brisa, su pelo mojado y su sonrisa gigante como el cielo, abrían su mirada eterna.
Los coches circulaban, mientras ella seguía bailando en la oscuridad.
La mano de un hombre fue calor en su hombro, las miradas se encontraron y hubo un silencio que apenas pudieron escuchar.
jueves, 20 de agosto de 2009
Fiebre

Acobardando las ganas, la delicia llegó al fin.
Tu beso en mi mejilla, plantó una vez más, aquello que hace años, dijimos: "jamás pasaría"
Un dolor, una caricia, un poco de sexo entre la piel y la fiebre derribando el cielo de los dos.
No hubo despedida ni flores en el ayer, hubo lo que hay hoy, un manto inerte de presencia quieta, de llama ardiendo levemente hasta extinguir la mordida de la piel.
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