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domingo, 16 de septiembre de 2018

Alguien saldrá derrotado



La mecha de tus ojos se enciende contra mis besos. Lo sé, lo recuerdo. 
Soy derrotada por las palabras, por ellas, por cada una. Soy derrotada por cada silencio, cada espera, cada ruptura. 
Los besos muerden la sal de los labios y, en ese desierto, tal vez, ya nada se encuentre.

©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥

miércoles, 4 de enero de 2012

Atraídos.

El desdén de los ojos de aquel hombre, le marcaba las pulsaciones del corazón.
Su caminata disimulaba poco su estremecimiento. Los ojos de Juan se depositaron en sus caderas, en la contorsión perfecta que ejercían al caminar. El sexo del hombre despertó en un oportuno latir. La caminata de esa mujer lo enloquecía, aún con los nervios que delataba su interior. Un suave vestido de seda blanco cubría un hombro y era tan corto que no llegaba sus rodillas. Aquella figura tímida, sumisa y sensual lo excitaban. En el precipicio del pantalón que vestía acontecían extrañas verdades. La mujer, ya no podía controlar su mirada aunque era algo tímida sabía perfectamente que quería y sabía también que lo tendría. Fue entonces cuando aproximó la mano a su entrepierna y arremetió. Juan, sobresaltado coqueteó con la mirada. Un beso sin calma, con estremecimiento y saliva, sacudió los labios de la señorita, que mucho menor que el caballero, lo absorbió entre su lengua.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Reminiscencias silvestres


Me paro desde la punta de la montaña más alta. Creyendo que los sueños son realidad en la que puedo proyectar el futuro.
Siento que no tengo palabras ni inspiración, que me cortaron la lengua los ratones literarios. Encuentro una caja vacía, o llena de fotos que es lo mismo.
Fotos viejas, ojeadas, tocadas y miradas miles de veces. Fotos de ausencias y pesadillas color rosa.
Reminiscencias silvestres en cada uno de los libros. Abro uno, allí está la rosa disecada, fría, casi me dicta al oído que debo tomarla entre mis manos.
Está la piel y el cuero, los discos y casettes con notas de aire y de velocidad infantil, están las mantas, pañuelos y anteojos de todos esos años de teatro sin telón.
Están en un baúl dorado, mirándome para atraparme.
Huele a naftalina en toda la habitación, huele a templo recordado y a este momento de escritura lleno del perfume del jazmín en el patio.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...