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jueves, 20 de septiembre de 2018

Decir



Las excusas son el puente para encontrarse. Premisa número 143536. Siguiéndola, quizás, nos encontramos. Es un jueves de sol en Buenos Aires, voy caminando por la calle escuchando una playlist de Spotify  que hice pensando en algún recuerdo con vos. Bien, decía, voy caminando. Allí estoy por cruzar el semáforo de Av. Rivadavia y, digamos que, de pronto, te encuentro. Nos encontramos. Es de noche aunque hablé del sol, y lo sé porque la luna se refleja en tus ojos y ese resplandor es una de las cosas más lindas que se pueden ver en la vida. Sigo, me tocás el hombro y me decís ¿Sos vos? ¿Ann? Y allí empieza todo. Que sí, que soy yo, que como estás, que tanto tiempo, que qué es de tu vida. 

Y allí sé que estás casado, que tenés un hijo, y veo fotos de un niño enrulado idéntico a vos pero con la nariz de ella. Entonces que vení, que vamos a tomar algo, que no importa si es medianoche ¿arrancás temprano mañana? entonces me olvido del juzgado, del la conciliación que tengo que hacer y le digo que no, que no importa. Mentir siempre me quedó tan cómodo.

Entonces es de madrugada y nos sentamos en un bar y la luz de la luna sigue titilando en tus ojos y yo titilo un poco también, por el reflejo, ese reflejo inevitable e ineludible de encontrarnos y mirarnos. Sentir que esto es cierto, de algún modo, cierto pese a los años, al tiempo, a la ausencia, al silencio. Sentir que todo esto es verdad, pese a tu vida actual tan alejada de lo que éramos, de cuando nos reíamos de tener hijos, de la vez que tuvimos miedo por si estaba embarazada, de que dijeras que si era un hijo mío sí querías tenerlo, no importaba tener 18 años. Y miro mi vaso de cerveza y vos hablás de viajes a México y yo alucino con México, te digo, me gustaría mucho ir. Y allí la tonta promesa de un viaje juntos y lo más lejos que fuimos fue a La Plata, a pocos kilómetros de donde vivimos. ¿Cómo que estamos en el mismo barrio? Y nos reímos de las coincidencias y salimos del bar a caminar por no sé dónde ya, y ahí, sin decir nada, me arrinconás contra la pared y me besás como nunca antes me habías besado, con la dosis perfecta de amor y de nostalgia, con sabor a menta, con gusto a para siempre, así, diciéndolo todo, me besás.


lunes, 30 de octubre de 2017

Un nombre en el cuello


Una tormenta pasa
                                y
                                    sobrepasa cualquier desierto.

Asciende un nombre por el techo
y se instala en mi cabeza, como si ese fuera el único lugar donde alojarse.

El nombre se desliza por las paredes
suave, se arrastra
                            se ablanda
                                             resplandece.

Dobla por la abertura de la puerta del living
y llega hasta la mesa,
toma el libro que estoy leyendo
lo quita de mis manos
y se trepa hasta mi hombro.

Allí, el nombre posa en mi hombro,
sube hasta mi cuello,
                                arremete
trepa con sopapas invisibles
y se anuncia de inmediato en mis labios
                           
                                                se detiene
                                                me succiona
mancha mis labios de rojo y asciende
trepa por mis ojos
los envenena,
los asfixia,
los arrastra,
los comprime.

Asciende un nombre por mi cerebro
se eleva
            permanece
se instalala en mi cabeza
y late con la misma fuerza con la que laten las nubes de la tormenta que volvió a comenzar.



viernes, 22 de septiembre de 2017

Crónicas de viaje | Berlín | Molecule man




Cuando llegamos a Berlín una de las cosas que no quería perderme era ver en vivo lo que está en la foto. Se trata del "Molecule Man", una escultura alojada en medio del Spree, a orillas del Elsenbrucke y a la sombra de la torre Alliance. En ese punto se unen los barrios Friedrichshain, Kreuzberg y Treptow. Para el escultor estadounidense Jonathan Borofsky, estas tres figuras unidas en el centro no solo se refieren a todas las moléculas de los humanos unificándose en una, en la cual el agua y el viento también son partícipes; sino en el caso de Berlín también simboliza la unión entre el Este y el Oeste. Yo no sabía todo esto cuando, de casualidad y googlendo para encontrar una imágen para un texto de este blog, (y años antes del viaje) encontré unas fotos de esta escultura y quedé hipnotizada. Esta obra de 30 metros de altura y 45 toneladas de peso engloba muchas cosas para mí. Entre las cosas más fuerte que me pasan, me resulta interesante notar cómo un elemento tan firme, de un acero duro y rígido adquiere una sensibilidad extra que la hace mutar de sentidos y significancias. Cómo se entrelazan los puntos que unen y nos unen a unas y otras personas y, sobre todo el contraste de notar que en ese concepto también hay encerrado algo de la esencia de Berlín.

miércoles, 9 de enero de 2013

El cielo y un deseo


Hace días que -en lo que va de 2013- el cielo está particularmente lindo. No sé si tiene que ver con el verano, las altas temperaturas o simplemente tiene que ver con el hecho de apreciarlo. ¿Cuántos cielos dejamos pasar por no verlos? ¿Cuántas imágenes bonitas perdimos, por no mirar para arriba, un poco más?
Intentaré y es mi deseo, poder mirar el cielo al menos una vez al día, todos los días. Voy a pedir un deseo cada vez que lo haga, y veré si se cumple, como algunos dicen que sucede.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...