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martes, 5 de marzo de 2019

Tinta china



Con tinta china escribí tu nombre en un banco de plaza. 
Era una tarde fría de invierno berlinés y, sin temor a reprimendas, tallé tu nombre sobre la madera del asiento donde estaba. La F, furiosa, corcoveando hacia los costados como lo hacían tus besos. La E, de espera, esa misma que nunca quise sentir de tus relojes. La D, diabólica como tu mirada desde abajo, como esa mirada mezcla de ángel y demonio que tenías al devorarme. 
Allí estabas, con cada una de tus letras esculpidas en una plaza de Kreuzberg. ¿Te diste cuenta? ¿Sentiste algo especial ayer a la tarde?

Miré tu nombre escrito tan cerca de mi mano, tan cerca mío. Un escalofrío me recorrió la espalda. Después de dibujar estrellas al rededor de tu nombre, después de llamarte por enésima vez, después del después de todos los días que pasaron, aún así, aún en la distancia, ahí estabas.

Pero la naturaleza es implacable, y la lluvia que comenzó después, lo borró todo.

lunes, 30 de octubre de 2017

Un nombre en el cuello


Una tormenta pasa
                                y
                                    sobrepasa cualquier desierto.

Asciende un nombre por el techo
y se instala en mi cabeza, como si ese fuera el único lugar donde alojarse.

El nombre se desliza por las paredes
suave, se arrastra
                            se ablanda
                                             resplandece.

Dobla por la abertura de la puerta del living
y llega hasta la mesa,
toma el libro que estoy leyendo
lo quita de mis manos
y se trepa hasta mi hombro.

Allí, el nombre posa en mi hombro,
sube hasta mi cuello,
                                arremete
trepa con sopapas invisibles
y se anuncia de inmediato en mis labios
                           
                                                se detiene
                                                me succiona
mancha mis labios de rojo y asciende
trepa por mis ojos
los envenena,
los asfixia,
los arrastra,
los comprime.

Asciende un nombre por mi cerebro
se eleva
            permanece
se instalala en mi cabeza
y late con la misma fuerza con la que laten las nubes de la tormenta que volvió a comenzar.



Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...