De un segundo a otro, las esperazas se mueren.
De un segundo a otro, se baja a una realidad indeseada, injusta.
La burocracia de un sistema te saca de tu lugar de corerespondencia, de donde debés estar.
Te aplastan la cabeza, te aniquilan aquella última cuota de esperanza a la que le rezaste para llegar al objetivo que te llevó hasta allí.
La fe y la esperanza no sirven de nada.
Los sueños se rompen como vidrios sin forma en el aire, se termina de llenar de humo el último hueco del pulmón, las lágrimas caen como baldes de plomo, el desierto una vez más y esa sensación de sentirme inútil, incapaz...
Y uno con el tiempo va -de a poco- acostumbrándose a caer y se pierde la fe y hasta parece saludable noesperarnada, es mas, uno economiza lagrimas y se vuelve selectivo incluso al elegir con que fracaso vale la pena sufrir...
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