viernes, 13 de noviembre de 2009

Condena del adiós. Bienvenidos al presente


Un nuevo sueño despertaba. Un nuevo camino por recorrer.
Lo pasado me enseña que no debo ser tan ingenua, que no debo condicionarme por la vida del otro ni relegar mi vida ante la compañía de nadie.
El ayer me pone firme sobre este presente, que entre los escombros, respira.
Todo lo que pasé me ayuda a intentar superarme diariamente, a reanudar mis convicciones y mis pensamientos que ahora se, nunca estuvieron mal.
El nuevo aire me conecta conmigo, me deja respirarme y sonreir con libertad.

La condena irá pasando y si bien lamento el desenlace, ese fué tu único deseo siempre. Te encargaste de alejarme de vos.
El único interrogante serán tus ojos, que como buenos traicioneros, siempre complicaron el adiós.

Y ardió


Una nueva sonrisa me iluminaba. Las palabras más hermosas se habían pronunciado y no es que no supe que decir, sino que, como todo, quería que fuera lo más perfecto posible. Y sin dudar ni un segundo, podré expresarme con sinceridad hoy.
Estoy respirando a conciencia cada minuto, viviéndolo como el último.
Comprometiéndome a soñar de a dos, con la rigurosidad de nuestras manos juntas.
Detrás de los temores que supiste borrarme, detrás del miedo de lo que podías llegar a hacer o decirme, aún entendiendo que nada es para siempre, te creo y elijo mi camino con vos.
Desde tus manos, desde tu abrazo incondicional, desde la chispa adecuada que supo arder.

jueves, 12 de noviembre de 2009

La última lagrima II


La última lágrima se despide de la ciudad, invadida de aplausos falsos y carcajadas mudas.
Allí va, perdida, sola, a destiempo.
Se embellece en su humedad, se perfuma de nuevos aires, toma empujón y finalmente se va para no volver jamás.
La última del destello pasado de amor moribundo, parte.
La última de todas las lágrimas de amor ingrato, se fué.

La última lágrima


De un sueño profundo despertaste hoy,
la última lagrima por tu cara rodó.
Lo que no fue ya nunca será,
cierra tus heridas deja de llorar.

Abre tus ojos que ya sale el sol,
abre tu alma que llega el amor.
Un dia cualquiera en algún lugar,
tendrás otra oportunidad.

"La última lágrima" - Memphis La Blusera

Salando las heridas - Cristales de amor amarillo


Lamento entrañablemente haber llegado al extremo.
Haber permitido un discurso hiriente entre los dos, sin altura, vacío.
Lamento que seas vos, aquel imaginario de hombre que sostenía mi mano a través de mis sueños y me llevó a la derrota del alma y el cuerpo con cada palabra.
Admito tristeza, dolor, miedo y resentimiento a "la vida", "destino" o "elección".
No podrás decir que no lo intentamos, que no toleramos, que no resistimos.
Nadie puede decir que no lo intenté con todas mis fuerzas, que soñé que pertenecieras un poco más a mi mundo, cada vez más.
No podés decir que no te fuí leal, que no te valoré, que no besé cada una de tus heridas.
Hasta con sangre en los labios, besé tus lastimaduras y heridas que incluso yo no había provocado. Te dí mis hombros quebrados, vencidos, pero te los dí.
Todos mis besos fueron dulces, todos.
Salé nuestras heridas, las curé, nos soñé intactos.
Toda la tristeza y la felicidad de mis ojos fue real, pero ya no puedo más.
Duele decirte adiós, duele, más me duele si todo es tan turbio. Pero, parece, nunca pudimos bailar sin pisarnos los pies.
No hay dinero, ni tiempo, ni abrigos posibles para este momento.
Cada momento es uno más, debo resistir, debo seguir equilibrada e intentar ser feliz con el camino que quede por delante.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Ecos de aire (segunda parte)


En el campo se oían los pasos de la joven muchacha. Unas cuantas horas habían pasado de la despedida. El vestido de marfil se había desteñido a gris con el paso de los minutos. Una daga abrió una herida profunda en el pecho. La sangre se derramaba en su vestido, que un día antes había elegido especialmente para la ocasión, sin saber que terminaría sirviendo de mantel para cubrir su herida y apañar su roja tentación. La niña esperaba sin ansias ni cristales, una inmensa sanación.

Ecos de aire (primera parte)


Una niña encantadora y delicada se perfumaba mientras la mañana asomaba por su ventanal.
Sus cabellos colorados, teñidos de ansiedad, se enrulaban en las puntas de su lacia cabellera.
Un sonido en la puerta la inquietó. Esperaba el momento en el que llegara la hora en que su amor prometido tocara la puerta y la fuera a buscar.
Ecos de aire rebotaban en la habitación, en plena quietud, simulando para los oídos atentos, un golpe en la puerta. Pero no, allí no había nadie, todavía.

Sin vos, pero conmigo


Tarde, después de la despedida.
Asomé mis manos para abrazarte por última vez.
El puño del tiempo había pasado y arrancó el presente de nosotros.
Un momento más de soltura se expandió en tu mirada.
Dijiste no volver, prometiste estar entero.
Tus sueños no dicen lo mismo y reflejan la necesidad entrañable del pasado.
Alguna vez creí disinto el futuro, pero tus actos dieron otra suerte.
El impacto está ocurriendo y es, sin duda, doloroso.
El hoy me alimenta el alma y me dice que todavía puedo seguir peleando por mí.
Sin vos, pero conmigo.

La llave que acierte


El ego se suspende hasta morir. La tisteza del pasado se convierte en un maletín de recuerdos con candado y llave sin destino. El océano espera entre sus crujidos el adiós. La distancia separa un codo más de este empacho. Capricho del tiempo y del olvido que se empeñó en retroceder nuestros ojos al abismo.
La nostalgia del pasado se evapora con el presente, que lleno de ansiedad, busca encontrar la llave que abra el cajón que ayer cerraste. Allí reposa el corazón, cada vez más frágil, de mí.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Lluvia


La mujer impaciente esperaba un sí. El diluvio amenazaba su mundo interior para hacerla únicamente sonreir. La ansiedad de encontrarse, el deseo inmenso de volver a besarlo la ponía radiante. Llovía en la ciudad y la gente despotricaba contra el clima. Sin embargo ella despierta, soñaba estar entre sus brazos y sintiendo sus labios en el cuello. Un abrazo eterno quería resplandecer.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Escalera hasta tus ojos


Una fuente eterna de felicidad o un estanque que deje hundir las penas,
un abrazo sin manos a la libertad o un beso en el incorrecto lunar en el que me he perdido.
Una escalera hasta tu frente o un fugaz beso en la mejilla
Aquella trivialidad inmensa en la que me me metías,
golpea la memoria hasta arrancarla de la tierra.

Los ojos, aquellos ojos inmensos de madurez secreta.
Aquellos mismos ojos que dicen y no preguntan más por mí.
Esos mismos ojos, quisiera que me miren-de reojo, aunque sea- una vez más, y me digan cosas escandalosas, sin siquiera hablar.
Que me sostengan la mirada y griten que estoy hermosa, hasta con esa mentira me conformaría.
Que pregunten por mí si es necesario, y ahoguen de a poco lo que queda de mi corazón.
Al menos por un rato.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Abuela

Cuando era niña, mi abuela materna solía contarme la misma historia siempre:

"Eras terrible de chiquita, siempre fuiste muy mimosa. Cuando tenías sueño y querías dormir, buscabas acostarte al lado mío, ponías mi mano debajo de tu cara y así te dormías. Era incómodo para mí pero no importaba. Antes de dormirte, me pedías que te acariciara el pelo y ahí te dormías". Esas palabras, ese momento es el único que me dejó mi abuela que falleció ayer.

El resto, pasó. Se comportó terriblemente mal con su hija (mi mamá), con mi hermana, con mi papá y conmigo. Sin embargo este será mi último recuerdo.
Rogelia, que descanses en paz.

Vuelo


Y vuelve el vuelo que esperábamos.
De nuevo, los dos juntos sintiéndonos las risas mientras dormíamos.
Tus caricias en el pelo, tus mimos, tus abrazos.
Las palabras, las risas, los sueños armando más sueños.
Detrás de tu figura insensible y pícara se esconde el más tierno de los niños,
que cada tanto, se asoma a saludarme con gestos inmensos.
Allí, en la calma de la mirada que me contiene, allí, es donde quiero seguir estando.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...