Desde la plaza de armas de un lugar cualquiera,
te escribo una carta para que tu sepas lo que ya sabias,
aunque no lo dijeras.
Espero que llegue a tus manos y,
que no la devuelvas.
Que pagues el rescate que abajo te indico.
Yo tampoco me explico,
por que no acudi antes a ti.
Pero nadie puede salvarme,
nadie sabe lo que sabes,
y tampoco entregarian lo que vale mi rescate.
No hay dinero, ni castillos,
ni avales, ni talonarios,
no hay en este mundo,
-aunque parezca absurdo-,
ni en planetas por descubrir,
lo que aqui te pido.
Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan,
mis piernas no responden;
te conocen, pero no llegan a ti.
Decidi por eso mismo,
un mecanismo de defensa.
Presa como esta mi alma,
con la calma suficiente,
ser mas fuerte,
y enfrentarme cuanto
antes a la verdad,
sin dudar un segundo,
lo asumo, slo tu puedes pagar el rescate.
Devulveme el amor que me arrebataste,
o entrgaselo, lo mismo me da,
al abajo firmante;
pues no hay en este mundo,
-aunque parezca absurdo-,
ni en planetas por descubrir,
lo que aqui te pido.
Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan,
mis piernas no responden,
te conocen, pero no llegan a ti.
Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan,
mis piernas no responden,
te conocen, pero no llegan a ti.
Esta es la letra de "El Rescate" una canción de Enrique Bunbury. Ya la había subido, pero me sigue representando entera. Es para vos, amor, mi amor, si, para vos.
viernes, 20 de noviembre de 2009
jueves, 19 de noviembre de 2009
Nada
Y no había noche en la que no te pensara
ni el recuerdo, ni lo distante de tu voz, que se asemejara al pasado que ayer compartimos.
Nada, ni recuerdos, ni regalos, ni alegrías
Nada que quieras conservar intacto, pisaste todas las figuras y sombras
Desviaste todos los buenos momentos, y hoy cosechas un mundo de tristezas en torno a mí
Mi figura se desvanece para tus ojos, soy una sombra gis.
Nadie, ni nada.
Ni aire que contemplar, ni un adiós bien dado, ni un abrazo sincero.
Nada, de nueve años de tanto.
ni el recuerdo, ni lo distante de tu voz, que se asemejara al pasado que ayer compartimos.
Nada, ni recuerdos, ni regalos, ni alegrías
Nada que quieras conservar intacto, pisaste todas las figuras y sombras
Desviaste todos los buenos momentos, y hoy cosechas un mundo de tristezas en torno a mí
Mi figura se desvanece para tus ojos, soy una sombra gis.
Nadie, ni nada.
Ni aire que contemplar, ni un adiós bien dado, ni un abrazo sincero.
Nada, de nueve años de tanto.
Logra lo imposible

Quizás fuera el misterio de sus ojos lo que no me permitía pensar en otra cosa más que querer pasar 800 primaveras entre sus brazos.
No había distancia, ni tiempo, ni otra sensación más que estar juntos.
No sé si se llama enamoramiento, amor, cariño o ternura. No se si tiene nombre incluso, sólo sé que con sólo su presencia puede evitar que piense en cosas negativas.
Logra lo imposible y lo transforma hasta encontrar lo mejor de mí.
Me acepta, me contiene, me alegra y hasta a veces sabe distraerme sin planearlo.
Logra lo imposible, entre silencios, aciertos y sonrisas sabe alegrarme y vuelve a lograrlo, cada vez un poco más.
Libros y música
Tiene una borrosa imagen de mí, por un lado interpreta cosas que no son,
por el otro las cuestiona, y jamás me dio la razón. Está abocado, muy abocado a su mundo interior: libros y poesía. Y no deja caer la tela jamás.
Una noche cualquiera le pregunté ¿qué sería la vida si ya no hubieran más libros o más canciones que cantar? Dijo, impulsivamente como siempre, que ya la vida no tendría sentido para nada; ni para el sexo ni para dormir (dos placeres que le encantan).
Me aterrorizaba pensar que ya no tendria sentido la vida, más aún, cuando mucha gente ya no tiene ganas ni puede escribir más, cuando bajar música por internet es más fácil que comprar un disco y escucharlo sin más ruidos que esos sonidos programados.
Me inquietaba, pero no lo creía.
por el otro las cuestiona, y jamás me dio la razón. Está abocado, muy abocado a su mundo interior: libros y poesía. Y no deja caer la tela jamás.
Una noche cualquiera le pregunté ¿qué sería la vida si ya no hubieran más libros o más canciones que cantar? Dijo, impulsivamente como siempre, que ya la vida no tendría sentido para nada; ni para el sexo ni para dormir (dos placeres que le encantan).
Me aterrorizaba pensar que ya no tendria sentido la vida, más aún, cuando mucha gente ya no tiene ganas ni puede escribir más, cuando bajar música por internet es más fácil que comprar un disco y escucharlo sin más ruidos que esos sonidos programados.
Me inquietaba, pero no lo creía.
La coraza lejana

Quizás haber dejado la coraza detrás me haya servido para sentirte dentro mío.
De algún modo la alegría que siento en mi corazón se transporta al resto de mis fuerzas internas, y me hace pensarte, quererte y cuidarte como un tesoro que ahora me encontró.
Jamás quiero dejar de cuidarte, creo que llegaste, que no hay casualidades en nada sino causas y efectos causales que nos convidan a disfrutar un momento así.
Ya no creo en nada que sea eterno, pero a veces pienso que me gustaría que esto lo fuera. Detestaría alejarme de vos, ahora que por fin creo, te encontre.
martes, 17 de noviembre de 2009
Diluvio
El nublado de hoy no es casualidad, la suma de todos los miedos terminó de hacer llorar el cielo. Una vez más, hoy, se terminó.
El sinfin de esta historia, finaliza en este diluvio eterno.
No más lágrimas en el cielo de mañana, la felicidad, para ambos: llegará.
El sinfin de esta historia, finaliza en este diluvio eterno.
No más lágrimas en el cielo de mañana, la felicidad, para ambos: llegará.
La suma de los miedos

Con un par de cadenas rotas en los pies,
un beso a punto de estallar en la mejilla del olvido
y los tacos gastados de andar por la vía del destino, me llevan a encontrarme con tu boca de rubí desteñido. Con el dolor de entrañas que no cesa, con la calma pacífica del adiós y unos cuantos golpes a mi cadera. Me despido, arañada y desprolija, pero con la frente en alto tras haber intentado no salir rendida.
El perfume se queda conmigo, la llave del tiempo en mis cajones
y un beso, casi herido, casi muerto se despide de vos entre las rejas del balcón en el que no quisiste estremecerme.
La distancia marca poco a poco un final. El tiempo se corrompió hasta acabar.
La suma de los miedos no reniega de este adiós, que al menos, se despide sin reencor.
* La foto es de Gaby Herbstein, de su nuevo libro Aves del Paraíso
lunes, 16 de noviembre de 2009
Presente

Te imaginaba detrás de mi sombra. Como una caricia constante que me arrebataba la piel.
Te soñé enredándome en tus brazos, entre las miles de formas que me enredaría en tu cuerpo. Nos vi juntos sin realmente creer que sucediera alguna vez. Y nos vi, principalmente unidos por el mismo sueño, creyendo en el otro, acostumbrando el colchón al cuerpo del otro, besando cada rincón de tu piel, acurrucándome en tus hombros hasta sentirme entera, de nuevo.
Estas presente en mi sonrisa y eso alivia cualquier dolor.
- La foto es de Gaby Herbstein
El sol de cerca

La distancia hacia el sol se acortaba. A unos pocos metros encontró el destello de luz que acompañaba su alegría. Allí estuvo siempre -pensó sonriente- sin embargo nunca lo había visto de tan cerca, tan próximo a sus manos entusiasmadas por tocarlo.
De un momento a otro, el corazón se balanceaba entre dos fuerzas naturales e inmensamente humanas, que la acobardaban un poco -por miedo- pero el futuro feliz llegaría, aunque en ese momento no lo sabía.
Lejos del pesimismo, decidió intentarlo. El sol debía iluminarla, pensó.
Entre el calor, las sonrísas y el tiempo, el corazón se equilibró.
Costó, cuesta, se retrocede un paso y se avanzan diez, pero firme, se sostiene un mundo hermosamente real y sincero.
El sol ilumina, da calor, contiene. El sol siempre estuvo, sólo que ahora lo permite brillar junto a ella.
Volviendo

Se despertaba la calma, o quizás la ira contenida dormía.
Un triste silencio cerró la puerta, aún queda una reja y un candado más.
El destino nos pone donde queremos, quizás hasta nos condiciona y no hablo por mi con respecto a eso.
Un mensaje positivo, se esconde en mi realidad.
Soy feliz volviendo a mí.
No hay fallas en el pensamiento, ni cables a tierra que no acepten el encuentro con mi cuerpo
sin embargo, lejos de vos, entiendo mucho de mí, más aún: afirmo mis convicciones.
Sin saberlo, era fuerte y allí estoy.
Feliz de volver a mí.
domingo, 15 de noviembre de 2009
El tercio de los sueños
Tenías el vestido más horrible de todo el tendido
to trataba de llamarte la atención de algún modo oportuno
pero tú sólo tenías ojos para el joven matador de toros
el tercio de los sueños ya se había terminado para mí.
No me digas que es muy pronto
son las 7 de la tarde aquí en España.
No me extraña que seas así
y te rías de mí otra vez
no me tengas piedad porque soy de verdad y me puede hacer mal.
Algunas veces vengo a ver los toros muy tranquilamente
me siento en el tendido y no me falta un Farias entre los dientes
pero aquella tarde resultó distinta a cualquier otro San Isidro
el tercio de los sueños se había terminado para mí.
Es que tú no te das cuenta:
tu mirada inocente no me engaña
no me extraña que seas así
y te quedes conmigo otra vez
si hoy me dices que sí bajo al ruedo por ti a matar a la res.
A veces siento que me hago viejo muy rápidamente
desde que colgué mis años salvajes en un clavo en tu frente
por qué aquella tarde resultó distinta a cualquier otro San Isidro?
el tercio de los sueños tiene dueño siempre suele ser así.
Hay un hombre que recuerda y aunque la memoria muerde y no le engaña
en la tela de araña cayó y la mantis ya se lo comió
no le tuvo piedad y después de jugar se lo desayunó.
Andrés Calamaro
to trataba de llamarte la atención de algún modo oportuno
pero tú sólo tenías ojos para el joven matador de toros
el tercio de los sueños ya se había terminado para mí.
No me digas que es muy pronto
son las 7 de la tarde aquí en España.
No me extraña que seas así
y te rías de mí otra vez
no me tengas piedad porque soy de verdad y me puede hacer mal.
Algunas veces vengo a ver los toros muy tranquilamente
me siento en el tendido y no me falta un Farias entre los dientes
pero aquella tarde resultó distinta a cualquier otro San Isidro
el tercio de los sueños se había terminado para mí.
Es que tú no te das cuenta:
tu mirada inocente no me engaña
no me extraña que seas así
y te quedes conmigo otra vez
si hoy me dices que sí bajo al ruedo por ti a matar a la res.
A veces siento que me hago viejo muy rápidamente
desde que colgué mis años salvajes en un clavo en tu frente
por qué aquella tarde resultó distinta a cualquier otro San Isidro?
el tercio de los sueños tiene dueño siempre suele ser así.
Hay un hombre que recuerda y aunque la memoria muerde y no le engaña
en la tela de araña cayó y la mantis ya se lo comió
no le tuvo piedad y después de jugar se lo desayunó.
Andrés Calamaro
sábado, 14 de noviembre de 2009
Nadie

Nadie se muere de amor. Nada es eterno, ni los besos, ni la piel, ni las manos sosteniendo otras manos. Nadie se matará por nosotros ni deshojará cincuenta margaritas en nuestro honor. El encanto instantáneo encandila pero no alimenta. Una reducción del deseo a veces es prudente para no caer en la tentación de "herir" a distancia. Las ocurrencias del cuerpo no se compatibilizan con la verdadera piel.
Ni la foto es perfecta, ni el amor. Ni el padre que elegimos para nuestros hijos, ni la conciencia irresuelta del enamoramiento. Nadie se muere de amor. Nadie se matará por nosotros, ni Romeo ni Julieta.
El retorno del mar

Algunas cosas cambian para no cambiar jamás. El deseo se renueva en la constante lucha de la pareja y también del individuo que charla con la soledad.
Aquellos destellos rojos de primavera, de sueños de abril posándose desnudos sobre el cielo. Del parque y sus vueltas, de la calecita, del silencio que nos comía la piel.
Hoy el cielo se renueva, se reparte y se enloquece. El miedo de no volver a verte jamás, la necesidad de saber cómo estarás y la confirmación continua de entender que no habrá retorno y ya no es por mí, sino por vos.
Ni los besos, ni las putas, ni los barcos pierden la necesidad de ser siempre iguales, sin embargo algunas cosas cambian para no cambiar jamás.
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