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viernes, 16 de noviembre de 2018

Los primeros 10 días

Foto tomada en la estación Schöneweide



''I chase the wind of a prism ship
to taste the sweet and sour.''

–The Court Of The Crimson King, King Crimson



Hace días que algunos me piden apreciaciones por escrito sobre Berlin. Hace días, también, que no puedo escribir prácticamente nada. Sin embargo hoy, entre el sol matutino y el mate (sobre todo porque ayer me compré 1 kilo y medio de La Merced, JUSTO la yerba que siempre tomo siempre, para que nunca me falte) es que pude sentarme a escribir y darle forma a una nota pendiente que saldrá en Baires Digital pronto; una de esas notas/entrevistas que me gustan donde indago en lo profundo de un lugar y de, en este caso, un espacio de arte. Terminé la nota y me puse a pensar que podía contarles sobre estos 10 días acá.

Un poco sigo sin palabras y otro poco sigo sintiendo ''nada''. El nada es entre comillas porque no es literal, lo que siento en realidad no lo puedo poner en palabras; es raro pero es en serio: no puedo. Yo, la niña palabras, la niña a la que todo le encuentra la forma y el modo, no sé como decir lo que siento y tal vez, entonces no sienta. Realmente me siento como si no sintiera nada especial. Es algo extraño y es una sensación que jamás había tenido, pero también estuve aprendiendo de eso, de no sentir y que esté bien. 

Hace unos días, antes de venir, creo que desde el 2 de noviembre (viajamos el martes 6) es que ya me costaba sentir. Me decían ¿estás re ansiosa? y yo ''no, para nada'' ¿estás a mil maquinando? y yo ''no, vengo súper tranqui''. El día de la presentación de ''Los desiertos efímeros'' en Esfera me preguntaban lo mismo y yo dije casi todas las veces: ''estoy contenta y tranquila''. Y así estaba, contenta y tranquila. Esa tranquilidad se mantuvo (y se mantiene) a diario. Creo que mi mente no se estresó pero sí mi cuerpo, porque me enfermé allá y al llegar acá. Nada grave, obvio.  Acá anginas, producto de que el primer día, no sabía bien el sistema de abrigo y desabrigo. No sentir también es una forma de sentir y fui descubriéndola y entendiendo por qué me pasaba.Todo esto también creo que tiene que ver con el resabio de cosas que voy comprendiendo y son muy personales, pero que fui entendiéndolas una a una y ahora comprendí más por qué las cosas se fueron dando de este modo.

En otro orden de cosas ayer viajé en tren y sola por primera vez. Me sentí bien. En mis auriculares sonaba Nirvana y el fondo era trash y punk, desde la estación Schöneweide camino a Alexanderplatz. Fueron solo 6 o 7 estaciones pero sentí algo muy lindo durante ese tramo, primero por llegar a destino sin problemas y segundo, por la paz del instante y por la soledad acompañada de música y sentir, en ese ratito, que todo iba inmensamente bien. Sonaban lindas canciones de Cerati, Los Redondos y Las pelotas y me sentí como en casa. Todo esto que vivo desde hace 10 días es una oportunidad para crecer y para avanzar hacia el lugar que más quiera, eso es lo que tengo en mente y muy claro. Pulsos efímeros, así son las cosas. 

La música perfecta para este texto, es esta: https://www.youtube.com/watch?v=gvCmtHDDuu0


lunes, 25 de julio de 2011

Creer para sentir


Sin esperanza en los sentimientos no hay acción. Lo saben las mujeres que intentan luchar a diario contra el inevitable (por momentos) engaño de sus maridos. O lo saben las amantes que apuestan su piel por una gota de amor más.
Confiar los sentimientos a sentimientos ajenos para tener la lucidez necesaria de seguir adelante con el juego al que apostamos, confiar aunque sea en vano, en cada palabra y gesto de amor del otro para apoyarnos en el pedestal sin caer.
Esperanza en el sentimiento. Acción.
Acción feliz o lamentable, pero acción al fin.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...