
El tiempo nos llevó a desencontrarnos.
Alguna vez, creo que supimos atascar las miradas sólo desde el interior.
Hoy creo que la distancia, el pasado, nuestro presente sin nosotros y la absurda deuda de vidas lejanas- o quién sabe que- nos aleja y nos corroe.
Supimos ser semilla de nuevo encuentro, manantial aún cuando no había más ríos que morder y sobre todo brisa de cálido verano entre las olas de la costanera y por algún torrente de espinas extraño, quizás acumulado hoy sin red, somos sal sin decantar. La escoria de las migas, el pan verde de tanto esperar.
Anochece y el sol quieto espera volver.
Adiós corazón de ojos café y música irremediablemente popular.
Se oyen desde lejos las campanas de las 12 madrugadas sin tu amor.