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miércoles, 11 de mayo de 2011

La tierra que se deja caer


Tu nariz de seda se frunció. Miles de miradas disparamos al sol.
Los dos dejábamos atrás el desierto.
Aprendimos a escuchar las palabras del otro, a entender los silencios y aceptar los gestos.
Un golpe de ilusiones volvió al corazón herido.
La tierra mojada tenía olor a triunfo y la derrota parecía desterrada de este río.
Se deja caer, la tierra se deja llevar y caer en el cielo que parece infinito.
Unas palmaditas en la espalda de alivio, una copla al viento y los ojos al sol como respiro.
Parece de tarde, aún siendo de noche. Parece que llueve y que no moja la garúa misteriosa que asoma como un fantasma con perfume de olvido.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Sueños amarillos, ojos negros

Era necesario interrumpir lo que jamás había existido. Fué detestablemente sincero, valiente e hipócrita. Solía ilucionar, solía acompañar con las manos los gestos firmes y elocuentes que abrazaban un sentimiento cálido. Sabía envolver con sus herramientas sutiles a una persona en apuros. Sabía conducir, llevar la conversación a donde quisiera. Sabía entre otras cosas, el color de mis ojos y de mis sueños.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...