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jueves, 12 de octubre de 2017

Sin reino

Me enamoré
de un Dios
que no tiene reino.

Tira botellas al mar,
escupe en arameo,
toca la trompeta,
le hace una trenza a su hija,
cocina para mí.

Su vigilia se reduce a un libro,
a veces una película
con el gato negro ovillado en su estómago
o
a veces una canción,
que se escucha sin parar
y lo lleva al piano, a tocar.
o
una pasta de miel y nueces
que llega a mis manos
en forma de tostada.

Todo es amor.
Todas esas son demostraciones de amor.

Su cuerpo descansa
entre lino blanco y algodón gris,
alargado está sobre el colchón,
huele a arándanos y vainilla,
respira fresias y caramelos,
y yo, enmudecida,
lo miro como si no hubiera mañana.

lunes, 16 de enero de 2012

Estar enamorada


Leer los labios de él, como si leyera un poema. Tener la capacidad para entender sus palabras como entiendo las de Pizarnik, tan fuertes y tan claras como si arrojara una piedra a un estanque.
Predecir sus silencios, como aquellas pausas en las que me dejo invadir por los huecos literarios de Carver.
Abrir la ventana y escuchar su voz amanecer, creer que eso será para siempre, sólo entonces, sonreír.

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...