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viernes, 14 de septiembre de 2018

Desde dónde y hasta cuándo (y nunca es suficiente)



No sé qué decir cuando dejas tanto silencio. Cuando partís al costado gris del silencio, de la ausencia o del pedido urgente, casi como si fuéramos autómatas en el gusto de conocernos o de hablar. ¿Cómo se responde ante la evidencia de deseo cuando se mecaniza el modo?
A veces hablamos y nos inundamos de una intensidad digna de película, de serie pochoclera o de drama de novela mexicana donde Carlos Alfredo te toma de los hombros, te dice que te ama y te da un beso inolvidable. Después silencio. Silencio estampa. Silencio mudo, sin ruido, sin huellas, sin pistas. Silencio ensordecedor. Silencio sacro. Silencio magro. Silencio. ¿Cómo se responde ante el silencio?
Ni lo mecánico ni lo intenso, pero mucho menos lo gris. Y si hay intensidad que sea, que sea con todo. No puntos medios, no frases hechas, no pedidos burócratas como si fuera la secretaria del 0800. Si vas a ser, sé entero. Los besos, como mis manos, no necesitan demasiado cerebro. No enciendas el fuego que no estás dispuesto a soportar, no reclames cosas que no estás dispuesto a oír, no dañes tus propios deseos por juegos inútiles, no termines oyendo al pequeño monstruo que te guía, ciego, hacia un abismo irremontable. Desde dónde y hasta cuando estamos dispuestos a todo, a nada o a un segundo antes del ascenso del huracán. 

©Angie Pagnotta, 2018
♥♥♥

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...