A veces me olvido de la cara de mi mamá, pero vuelvo al
rostro de Edith Piaf, y la recuerdo. La veo y la encuentro en lo triste de sus ojos, en la mirada cansina, en las cejas finitas, la veo. Miro detenidamente la foto de la cantante y veo su boca pequeña. Sus labios desordenados me recuerdan a los labios de mi mamá. Sus mejillas blancas, sus violentos contornos, el tono de su piel y su frente despejada, todo me recuerda a ella. La veo y la realidad vuelve a ser parecida a aquella donde el presente era perfecto. La imaginación y el recuerdo
se confunden. Ella está y no está, desaparece. Pero la sombra de su cuerpo invisible, me encuentra algunas noches. Yo ya no reclamo. Ella sigue su vida en otras partes y yo aprendo a vivir con la distancia a cuestas.
martes, 10 de diciembre de 2013
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Corazón blindado
Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo, con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...
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