martes, 22 de abril de 2014

Foja cero


No se elige. Definitivamente uno no elige de quién enamorarse. Uno se enamora. Se enamora y punto. Uno se enamora y entiende que el otro es parte necesaria de un refugio cotidiano. Uno se enamora y cree que el otro atiende nuestra mirada, conoce nuestros sentimientos y alisa con sus besos cualquier tempestad. Uno se enamora y no elige. No elige que a partir de ahora, de ahora en más, sólo existirá el dolor de la ausencia del otro, la ansiedad de un mensaje que no llega, o la ridícula manía de iniciar conversaciones inconducentes, irrelevantes, muertas. No elige pasarse minutos enteros del día mirando fotos robadas, pensando alguna frase dicha o incluso analizando los detalles de algún gesto trascendental que vuelve todo, todo, todo a foja cero. Uno se enamora y no hay manera posible de encausar lo que antes era más o menos predecible, lo que antes pertenecía al orden de las cosas coherentes que podían llegar a suceder, incluso cuando antes, nada era definido u advertido, y el don de fluir encausaba los días. Todo sucede porque uno se enamora y se hace carne en ese deseo irremediable de querer amar, de querer sentir, de querer gritarle al mundo que no hay nada ni nadie mejor que esa persona que gracias al azar o a la ruleta volvió todos los días inabarcables, únicos, impredecibles.  

jueves, 17 de abril de 2014

bis



Escribir es experimentar silencios que duelen y dan placer. Cuando escribimos hablamos más del silencio que de nosotros mismos y esa es la mejor de las vivencias.

jueves, 20 de febrero de 2014

Ojos misteriosos


Había llegado la hora. El sonido de la música se expandía en sus oídos. Tenía que recomenzar el camino andado pero tenía que hacerlo sola. Ya no tendría más el juego cómplice de Facundo. Había caído en una tentación circular. Había caído en aquello que temía caer desde hacía tiempo. Sin embargo, Ana entendía que era lo mejor para ella y para él. No dudaba tanto, pero pensaba demasiado. Pensaba en todas las preguntas que flotaron en su mente durante los últimos tres meses: ¿Cómo se puede salir de una relación cuando las cosas fluyen? ¿Cuándo empieza a pesar tanto la sombra del otro? ¿En qué momento todo deriva en una búsqueda sin suerte? ¿Se puede vivir sin deseo?

Mistery eyes, don't you recognize me?
I know it's been a long time, long time, but Baby, don't you see?

Su mente repetía el mismo verso, una y otra vez. La canción de Richard Lloyd rebotaba en su mente y a veces no encontraba escapatoria. El encierro emocional que vivía, la sumía en períodos de tristeza y euforia. A veces lloraba y se desvelaba por las noches tratando de encontrar una solución. Otras noches, simplemente, imaginaba cómo sería su vida sin Facundo. Al principio sentía miedo. Luego, el miedo decantó y pudo ver las cosas con más calma. No sólo se trataba de romper con el orden anterior, sino, también, de encontrarle una vuelta al mundo que la rodeaba y que, en algún momento, no la rodearía más. 

Pasaron los meses y los dos se fueron alejando. El amor no había terminado pero sí había terminado el pacto invisible que los determinaba a unirse, incluso cuando ya no había una estructura de pareja que perpetuara la unión. Los dos pasaron lo peor. Los dos se sintieron morir pero lo atravesaron juntos. No había nada de malo en no sentir más al otro, sino que ahora podían sentirse a sí mismos y eso era lo que, por fin, habían descubierto.

lunes, 13 de enero de 2014

Desterrado(s)


Lo mejor de todo fue desterrarte. Desterrarte del lugar donde hacía mucho necesitabas irte. Ni te quejaste. Te fui sacando lento, despacio. Después fui abrupta. Vos estabas quieto. No dijiste demasiado, como siempre. Mientras te arrastraba, sólo una vez me miraste y dijiste: ¿estás segura? y yo pensé y respondí ¿cómo no estarlo? llevas tantos años en ese lugar que ya debería haber olvidado por qué estás ahí. Pero no, no olvido. Algunas cosas no se olvidan y persisten, pese a los esfuerzos que pongamos. Pese a que la memoria del cuerpo quiera recuperar otras memorias y traer viejos recuerdos. Pese a que el tiempo pasado tendría que colaborar con la idea de no tenerte. Algunas cosas no se olvidan. Algunas otras, todavía, valen la pena.
Supongo que alguna vez tenía que pasar, alguien o algo tenía que sacarte. No decir más tu nombre. No cometer el mismo error del recuerdo mezclado con nostalgia. No desear más tu estampa, tu tacto o tu piel. 
No desear más es también parte de un aprendizaje y parece que últimamente, el deseo pone en jaque más de lo que quisiéramos creer. Pero ya no digo tu nombre, no lo escucho, no lo pienso. No lo siento más.

martes, 7 de enero de 2014

No decía pero quería


Yo no decía
que las hojas y los pájaros se parecían. 
a vos.

No decía que las sombras
se hacen más pequeñas 
si las miro 
a través de vos.

Yo no decía 
que las lombrices me comen entera
ni que las lagartijas 
preguntan en verano
por vos.

No decía que había tormentas
que se hacían y se decían
sin tu nombre
en el balcón
hasta llegar
a vos.

Yo
lo único que quería
era un silencio
huérfano
o inmóvil.

martes, 10 de diciembre de 2013

El rostro de mi madre


A veces me olvido de la cara de mi mamá, pero vuelvo al rostro de Edith Piaf, y la recuerdo. La veo y la encuentro en lo triste de sus ojos, en la mirada cansina, en las cejas finitas, la veo. Miro detenidamente la foto de la cantante y veo su boca pequeña. Sus labios desordenados me recuerdan a los labios de mi mamá. Sus mejillas blancas, sus violentos contornos, el tono de su piel y su frente despejada, todo me recuerda a ella. La veo y la realidad vuelve a ser parecida a aquella donde el presente era perfecto. La imaginación y el recuerdo se confunden. Ella está y no está, desaparece. Pero la sombra de su cuerpo invisible, me encuentra algunas noches. Yo ya no reclamo. Ella sigue su vida en otras partes y yo aprendo a vivir con la distancia a cuestas. 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Infinita Clarice

Una amiga me regaló La legión extranjera de Clarice Lispector. (Sigo alimentando mi biblioteca Lispector de Ediciones Corregidor) Y rescato, entonces, algunas frases sublimes de distintos cuentos:

Clarice Lispector
«Y yo ya me sentía atraída por él. No amor, sino atraída por su silencio»
«Se volvía doloroso para mí ser el objeto del odio de ese hombre que de cierta manera yo amaba»
«En superficie de tiempo había sido solo un minuto, pero en profundidad eran viejos siglos de oscurísima dulzura»
«La esperanza era mi pecado más grande»
«Las palabras me anteceden y me sobrepasan, me tientan y me modifican, y si no me cuido será demasiado tarde: las cosas se dirán sin que yo las haya dicho»
«Mi embrollo proviene de que una alfombra está hecha de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir un único hilo; mi enredo viene de que un relato está hecho de muchos relatos»
«Hasta que mi risa fue definitivamente reemplazando mi delicadeza imposible »
«Sin hablar de que permanentemente me ocupaba de querer y no querer ser lo que era, no me decidía por cual de mí, toda yo era lo que no se podía; haber nacido era algo lleno de errores que corregir»
«Es posible también que ya entonces hubiese iniciado mi gran obstinación: daría todo lo mío por nada»
«Y el corazón imprudente se puso a latir muy alto bajo el riesgo de despertar el gigantesco mundo que dormía»
«Por sí mismo el ojo llora, por sí mismo el ojo se ríe»
«Mi salvación sería imposible: ese hombre también era yo »
«Una dulzura muy extraña fatigaba mi corazón»
«Yo era la oscura ignorancia con sus hambres y risas, con las pequeñas muertes alimentando mi vida inevitable»
«Sería demasiado fácil querer lo limpio; lo inalcanzable por el amor era lo feo, amar lo impuro era nuestra profunda nostalgia»
«Había dejado precipitadamente para tras el simplismo infantil de hablar de acontecimientos en términos de "casualidad" »
«Y aunque la hostilidad entre los dos se volvía gradualmente más intensa, como manos que se acercan y no se dan, no podían impedirse de buscarse»
«Aunque hostiles creían en la sinceridad que cada uno tenía versus la gran mentira ajena»
«¿Qué era finalmente lo que querían? No lo sabían, y se usaban como quien se agarra a rocas menores hasta saltar solo la más grande, la difícil e imposible; se usaban para ejercitarse en la iniciación; se usaban impacientes ensayando uno con el otro el modo de aletear para que por fin -cada uno solo y liberado- pudiese dar el gran salto solitario que también significaría el adiós uno del otro»
«El ideal los sofocaba, el tiempo pasaba inútil, la urgencia los llamaba -no sabían para qué caminaban, y el camino los llamaba »
«Experiencia a veces también se confundía con mensaje»


martes, 22 de octubre de 2013

Decían que podíamos


Decían que podíamos.
Decían que no importaban las distancias. Que si había amor todo pasaba. Que si realmente uno tiene ganas o simplemente se quería, se podía.
Decían que más allá de los silencios, el cuerpo del otro sabe leer y entender.
Decían que un millón de soles pueden más que un día nublado. Que muchas veces el otro, el próximo, el presente es el que sabe entender y perdonar. Que si se dice con sinceridad, se logra.

Decían que podíamos. Lo decían porque no estaban en nuestros zapatos, pero ellos, desde afuera, lo decían. No podían permitirse la imagen del fracaso ante sus ojos. Digo, con tal de no ver la realidad a veces se hacen muchas cosas. Nosotros no lo sabíamos y creíamos en esa suerte de venda que se ponían en los ojos. Ya dije que con tal de no ver la realidad a veces se hacen muchas cosas ¿no? Digo, a veces es difícil asumir y afrontar lo que no podemos. Nunca pudimos y eso es lo que nadie nos dijo. Ni a mí, ni a él. Nadie. Nadie dijo nada, entonces quisimos creer en la ilusión de poder. De querer poder algo que no se puede, no se logra y  finalmente, no funciona.


La calma no llegó. Pasó todo lo contrario. Nunca se vuelve a estar en el mismo lugar que antes cuando se toma una decisión importante. Y digo importante porque la separación era una decisión importante. Pero, ¿se podía ir más lejos? O, en otros términos, ¿se podía ir por detrás de un sueño que se mantuvo tanto tiempo en alto?, pienso que sí. Hoy, pienso que sí. Se puede escapar de una realidad que no se quiere. Se puede. Siempre se puede. Sobre todo cuando un poco de voluntad aparece y nos golpea. Pero, después de tanto choque ¿se puede negar? Sí, también se puede. Ya dije que con tal de no ver la realidad a veces se hacen muchas cosas y dentro de esas cosas, también estaba la infinita negación ante los demás. Pero, la peor de todas es la autonegación. En este parámetro -de negación sólo con los demás y de absoluta verdad sólo conmigo- es que había decidido terminar mi relación con Juan. Será por eso que ahora, a la distancia pienso que hice bien, pero en ese momento, en ese puto momento…claro que dolió. Dolió. Pero aprendí mucho.

martes, 15 de octubre de 2013

Se despierta y sueña

Mirándose al espejo, por Ana Porras


Se despierta. Sueña con el pasado. El pasado vuelve escalonado, desacomodado, trastocado. Se despierta molesta. Todavía tiene ese gusto en la boca. Suena el teléfono. Va al baño. Se lava la cara y los dientes. Se mira al espejo y recuerda fragmentos del sueño. Flashes. Imágenes. ¿Por qué con mis ex?, se pregunta inquieta.

Con uno: fantasía, amor, sexo, cariño. Con el otro: reproche, violencia, enojo, agresividad. Por uno, hubiera dado la vida. Por el otro, tuvo que dar la vida a cambio de nada o menos que nada. Ni migas, ni monedas, ni nada. Por uno, dejó pasar el tiempo, actuó tarde, lo dejó ir sin saber que lo perdía. Por el otro, anestesió parte de su vida en años que no valieron la pena, no actuó, se dejó ir a sí misma, sin saber que se perdía. Federico y Mario, dos antagónicos e insoportables pasados que volvían en sus sueños.

En lo ideal de su sueño, Julieta era como hubiera querido ser: Federico le decía que quería estar con ella y ella, aceptaba la propuesta de forma osada, completamente fuera de rol. Él le decía algo así como: “no quiero que te confundas más, vos sabés lo que siento por vos”. Y ella simplemente le sonreía porque en su sueño entendía que a veces es bueno callar. Se amaban, se tocaban, se besaban, se tenían, se sentían. Luego, si él o ella se iban, no importaba, porque en ese momento, los dos, por fin, eran uno. Pero no cualquier uno, eran la perfecta fusión de cariño, deseo, respeto, amor, calentura, pasión, cursilería, besos y abrazos. Los dos se sentían vivos. Los dos sentían que ése era el máximo punto de placer que podía llegar a tener. Estaban embarcados en una fantasía que habían reprimido por años (años de vida real, no de sueño), que se transformaban en “reales” en ese momento. Julieta aprovechaba porque esa boca y esos besos, no los pudo sentir nunca más.

En lo perfecto de su sueño, Julieta era como hubiera necesitado ser: Mario le decía algo así como: “sos una puta, me cagaste”, y ella, después de una larga y convincente explicación, donde argumentaba los reales motivos de su engaño, hacía un gesto que provocaba la comprensión inmediata de él. Se caían las fichas con dolor, pero con madurez. Ella se iba, él no la frenaba. Ambos habían entendido todo: la relación empezaba a ser pasado y la pareja se había disuelto para siempre. Sin escenas de sentimentalismo barato –por fin-  el cariño (que alguna vez habían vivido), quedaba en un cajón; con el recuerdo feliz; sin rencor.

Julieta vuelve al baño. Se refriega los ojos y la cara con agua. Las gotas caen por su rostro hacia el lavatorio. Sus ojos están pálidos. Sus mejillas están levemente rosadas. Se sonríe. Se arrepiente de esa sonrisa. Se tira agua bien fría en la cara, de nuevo. Se seca el rostro y toma su celular. Manda un mensajito:

Para: Federico
“Querés que nos encontremos este viernes?

Beso, J.”

viernes, 13 de septiembre de 2013

Tu nombre


Nada que tenga tu nombre. Eso me haría bien. Nada que tenga tu sucio nombre. Ningún lugar donde leerte. Nada que me diga JUAN. Ningún Juan en mi vida. Nada que diga tu nombre. Nada que me recuerde esas cuatro letras del demonio. Nada que se vincule a tener que pronunciar tu nombre, una vez más, nada. Ningún nombre. Nadie que me diga: “me llamo Juan”. Nadie que me diga: “a mi hijo le puse Juan”. Nada. Ningún nombre. Nada que diga tu sucio y asqueroso nombre. No leerlo más. Que en la tele nadie se llame así. Que ningún personaje, de ninguna novela se llame así. Que Perón se cambie el nombre. Que no haya más Juanes. Nadie más con tu nombre. Nunca más tu nombre. No decirlo, no sentirlo, no permitirme sentir nunca más ese nombre. Nada que diga tu nombre. Nada. No sentir nada por vos. Eso me haría bien.

viernes, 16 de agosto de 2013

En libertad


Los primeros mates del día, con la primera ansiedad. Afuera hay smog, viento y un hermoso día de sol de invierno. Miro a los pájaros  rabiosos que van de un lado a otro, a toda prisa. Los miro y pienso que van con rumbo incierto, pero ellos saben a dónde van. Su vuelo tiene verdadera firmeza. Los pájaros no se arrepienten, no discuten, no piden perdón ni cometen errores, porque en la libertad de sus alas está su corazón y un corazón sincero –si es realmente sincero– nunca se equivoca.  

viernes, 9 de agosto de 2013

Escribo para no ser escrito



«Escribo para no ser escrito. Escribo para sentirme mas dueño de mis actos que si leyera o si obedeciera a los estímulos del mundo como la publicidad, la música ambiental o a la oferta de libros» Fogwill (extraído del testimonio audiovisual que registró la Audiovideoteca de Buenos Aires)

Corazón blindado

 Tu corazón está blindado (como estuvo siempre) simpatizo, sin embargo,  con la idea de —algún día— quebrar la protección absurda de tus can...