Todo fue besarnos. Todo fue volver a descubrir el cuerpo del otro, pese años años. Tocarnos. Creo que de a poco borré algunas huellas y planté otras. Eso lo supe ni bien confesaste lo más hermoso que te pueden decir en momentos así. Tranquilo, lo guardo para mí. Ardernos juntos. Sentir el calor de la piel hirviendo a 50 grados. Quemar todo y arder, si fuera necesario y lo era, lo fue. Besarnos como si no hubiera mañana, como si no existiera otra cosa que ese momento, que esa ingravidez que producen los besos más sensuales. Tomarte entre mis manos, olerte, sentirte, lamerte, perderme en tus formas, en tus texturas: sentirte. Así la vida, entera, aunque duren dos horas. Así, aunque tuviera que inventarme refugios posteriores para desprenderme de tu piel de reptil. Quemar todo y arder, de eso se trataba. Eso hicimos. Eso pasó.
martes, 27 de noviembre de 2018
lunes, 26 de noviembre de 2018
Día 6 | Y con eso basta
No todo estaba dicho.
En el sótano de mi casa había una caja azul y pesada con una pila de papeles, fotos, regalos, flores secas, notas y algunos discos. Un día, diez años después (como esa canción pegadiza de Calamaro) la abrí. Allí encontré un cuaderno que decía ''Cosas que quise decir pero nunca dije''. La etiqueta no podía ser más misteriosa pero yo recordaba perfectamente ese cuaderno, esas historias.
Me senté en la madera crujiente y me puse a leer el anecdotario del amor, del desamor, de los días de verano, de las tardes en la plaza, de una increíble catarata de deseos y amor. Y de eso se trata, pensé, siempre se trató de eso: amar y desear como dos faroles prendidos las 24 horas del día, los 365 días del año. No hubo día, Federico, no hubo día en que no te quisiera besar. Y allí estaban los recuerdos adolescentes de un montón de palabras que se fueron agolpando con el viento detrás en una puerta que no volví a abrir jamás. Y busco aún hoy mil metáforas para decir lo impronunciable que es tan cierto como mi nombre: siempre te amé.
Hasta que hoy, hasta hace un rato, lo procesé y lo dije por primera vez, a viva voz. No, no dije te amo, dije ''te amé'', o, mejor dicho, dije todo lo que ese ''te amé'' significó: risas, silencios, pausas, amores, deseos, furias, cama, sexo, terrazas donde acostarnos, sillones donde besarnos, taxis donde acurrucarnos, rincones donde amarnos, esquinas donde tocarnos, pasajes donde bebernos como si no hubiera otra agua en el mundo más que la de tu boca. Y vos, casi con la misma voz de aquel entonces dijiste lo mismo. Por una vez correspondiente a mis palabras y ahí sentí que un baño de sal cubría mi herida. ¿Sabés cómo fue vivir con la herida latiendo? a veces de la nada sentía latidos breves, otras una especie de adormecimiento y a veces dolía como si recién me hubiera cortado. Pero, a pesar de la profundidad, nunca odié ni a mi herida ni a vos. Esa herida, hoy lo veo, me hizo ser quien soy.
No hay tiempo como el presente, me digo al terminar de leer ese cuaderno azul. Tiempo presente y solo tiempo, de eso se trata. El presente me devuelve tu risa sincera y tal vez no ahora, pero sé que mañana o pasado, me quedará el recuerdo endulzado de una herida de guerra que cicatrizó con el amor más neurótico y obsesivo, pero también con toda la sinceridad posible.
Y con eso basta.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Día 7 | De boca a tu boca
Todo comenzó con un pequeño fuego en tu labio inferior. Lo recuerdo bien. Hacía un poco de frío y los dos íbamos en un taxi camino a un nuevo bar. Era tarde pero no tanto como para querer volver a casa y, además (siendo honesta) no quería volver a otro lugar que no fueran tus besos, esos besos que recordaba a fuego. Lo supe antes de salir, lo confirmé después. De pronto un bache. ¿O eso fue después?
Cierto, fue después.
Casi no puedo recordar la trama perfecta de lo dicho, recuerdo la Avenida, recuerdo que sonaba una música espantosa en la radio del taxista, recuerdo hasta la incomodidad de una de mis piernas demasiado en el medio del auto y la otra demasiado de costado, recuerdo que tenía calor por la calefacción, recuerdo que me preocupaba la cercanía de tu cuerpo y el mío, pero no puedo recordar exactamente que artilugio, que palabra, que tropiezo. Pero ahí tropezamos, vos con mi boca y yo con la tuya, dos bocas que se entienden más que cualquier otra boca. Deseo intacto, deseo eterno. Balbuceé. Todavía no aprendo a decir cuando no sé que decir. Dije pequeños gimoteos que podrían haber sido de un niño pequeño o de una adulta que a sus 30 años aún no sabe expresarse de forma correcta sin ser demasiado obvia, demasiado niña, demasiado transparente (guilty) Sonreímos, eso sí lo recuerdo. Tu sonrisa perfecta, desnuda de trampas: hermosa. Y luego un bache glorioso me tiró encima tuyo y nos volvimos a besar. En ese instante amé todos y cada uno de los baches de las calles de Buenos Aires. Amé todas y cada una de las fatalidades que, una vez más, me ponían de boca a tu boca.
Cierto, fue después.
Casi no puedo recordar la trama perfecta de lo dicho, recuerdo la Avenida, recuerdo que sonaba una música espantosa en la radio del taxista, recuerdo hasta la incomodidad de una de mis piernas demasiado en el medio del auto y la otra demasiado de costado, recuerdo que tenía calor por la calefacción, recuerdo que me preocupaba la cercanía de tu cuerpo y el mío, pero no puedo recordar exactamente que artilugio, que palabra, que tropiezo. Pero ahí tropezamos, vos con mi boca y yo con la tuya, dos bocas que se entienden más que cualquier otra boca. Deseo intacto, deseo eterno. Balbuceé. Todavía no aprendo a decir cuando no sé que decir. Dije pequeños gimoteos que podrían haber sido de un niño pequeño o de una adulta que a sus 30 años aún no sabe expresarse de forma correcta sin ser demasiado obvia, demasiado niña, demasiado transparente (guilty) Sonreímos, eso sí lo recuerdo. Tu sonrisa perfecta, desnuda de trampas: hermosa. Y luego un bache glorioso me tiró encima tuyo y nos volvimos a besar. En ese instante amé todos y cada uno de los baches de las calles de Buenos Aires. Amé todas y cada una de las fatalidades que, una vez más, me ponían de boca a tu boca.
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Arder o reventar - aquí y ahora
Aclaración: Dado que el blog erótico que abrí es extrañado y requerido, pero dado que cuando quiero compartirlo me ''prohibe'' por que puedo herir la sensibilidad, es que migro, en este posteo, todas las entradas de Arder o Reventar, blog que continuaré aquí.
I. NUNCA ALCANZA
I. NUNCA ALCANZA
Será que nunca alcanzan los espacios. Nunca es suficiente un lugar sólo para contemplar, para escribir, para renacer. Arder o reventar se trata de todas las cosas políticamente incorrectas, rebeldes, eróticas, pornográficas, pornoeróticas y sensuales. Se trata de la piel, del movimiento, del alma, del cuerpo. Se trata de oler, lamer, succionar, apretar, distender. Se trata, en suma, del movimiento sensual del cuerpo, de envolverse en otro, de sentir, de tocar.
Para todo lo demás está el cielo y el mundo, mientras tanto, arder o reventar, esa es la cuestión.
II. WHOLE LOTTA LOVE
Esta frase de Carl Gustav Jung (uno de mis escritores y pensadores favoritos) marida bien con esta canción de Led Zeppelin, del año 1969 y salió como tema que abre el disco disco Led Zeppelin II.
Want to whole lotta love
III. DERRUMBÁNDONOS
''Yo no sabía que sus caderas respondían a un mar sediento. Así, con contornos irreversibles e imprevisibles, me amaba. Hundía cada fragmento de su cuerpo hasta dejarme inmóvil. La sed, de a poco, derramaba fluidos en mi boca y yo, sin dudarlo, lo devoraba.''
(Fragmento de «Derrumbe» de Angie Pagnotta)
IV. 100 AÑOS
Me hubiera quedado 100 años sin soledad y entre tus piernas,
mordiendo la dulzura exacta de tu piel,
cayendo, irresistiblemente, ante la oposición de tu gravedad y la mía.
Podría. Podría (mos) pero los dos pensamos demasiado en que dirán nuestras consciencias, nuestros deberes, nuestras obligaciones indómitas. ¿Será que el néctar de los dos es solo para privilegiados?
V. TU PERFUME ME DIRÁ CÓMO SALIR
Es de noche. El auto se detiene en punto muerto. Una pila de expedientes se amontona en mi falda. Desajustás tu corbata y te inclinas hacia mi. Me mirás despacio y con la calma de un animal que está por bordear con los dientes a su presa. Me quitas los lentes y me lames la boca. Luego tus labios se expanden en mi y estamos besándonos. Mis medias parecen agrietarse más ante tu lengua, tu fuerza, tu perfume. Todo estaba ahí, siempre estuvo ahí.
VI. MORDER EL DESEO
Muerdo tu boca en un segundo. La noche es tibia. Empiezo a lamer tus dedos de a poco. Primero bordeo el pulgar, luego lo beso, después lo absorbo. Escucho las cortinas zigzaguear por un viento repentino que nos envuelve y nos arroja a la cama. Tus manos se deslizan apresuradas. Corrés el hilo de mi ropa interior, corres el cuerpo para consumir el banquete. Delicado primero, desmesurado después. En tus ojos se enciende un fuego que avivamos desde hace años. Tu lengua hierve en mi cuerpo. Tu boca de caimán se detiene en estocadas firmes, empujar, corrompe, corroe, amenaza. Mis piernas tiemblan. Mis manos aprietan las sábanas y tu pelo como si a fuerza de remolinos se pudiera detener el tiempo. El viento arrasa el ventanal y el reloj. Tu boca esponja todo lo contiene, todo lo absorbe en la marea. El silencio hondo de un segundo se convierte en ahogo y presión, tu dedo vuelve a mi boca, tu mano me acaricia el pelo como queriendo dormir a una niña pequeña. Mis ojos pierden el foco, tu mirada me devuelve a la realidad y el mar, que no calma, sigue arrasando todo con un beso inexplicablemente inocente y delicado, y me encanta.
VII. NO EXISTE
Una fijación que se trama a través del tiempo. Se vuelve intensa en la memoria. Se vuelve lluvia, se vuelve viento arremolinado. Ahí estás, abarcando mi tiempo, abriendo las fronteras: hechizando. No hay beso que no te diera sin fuego. No existe.
VIII. ALGO QUE DECIR ESTA NOCHE
IX. DERRAMAR
Prometimos un mes. Prometimos morder, curar, sanar y marcar el ritmo del deseo en nuestros besos. Prometimos un nido, una cápsula, un tiempo nuestro. Prometimos mimos, besos, palabras sinceras, las poquísimas mentiras posibles y un colchón en llamas. Prometimos amor, calor, miradas de fuego y saliva. Prometimos lamer, acariciar, bordear, contornear. Prometimos querer, poder y atragantar. Pero también prometimos arder; arder tanto que el fuego de tu boca y de la mía no pare –nunca, jamás– de crecer.
Todos los fragmentos de esta entrada, como todos los textos del blog son propiedad de ©Angie Pagnotta, a menos que esté aclarado otro autor/a.
viernes, 16 de noviembre de 2018
Los primeros 10 días
![]() |
| Foto tomada en la estación Schöneweide |
''I chase the wind of a prism ship
to taste the sweet and sour.''
–The Court Of The Crimson King, King Crimson
Hace días que algunos me piden apreciaciones por escrito sobre Berlin. Hace días, también, que no puedo escribir prácticamente nada. Sin embargo hoy, entre el sol matutino y el mate (sobre todo porque ayer me compré 1 kilo y medio de La Merced, JUSTO la yerba que siempre tomo siempre, para que nunca me falte) es que pude sentarme a escribir y darle forma a una nota pendiente que saldrá en Baires Digital pronto; una de esas notas/entrevistas que me gustan donde indago en lo profundo de un lugar y de, en este caso, un espacio de arte. Terminé la nota y me puse a pensar que podía contarles sobre estos 10 días acá.
Un poco sigo sin palabras y otro poco sigo sintiendo ''nada''. El nada es entre comillas porque no es literal, lo que siento en realidad no lo puedo poner en palabras; es raro pero es en serio: no puedo. Yo, la niña palabras, la niña a la que todo le encuentra la forma y el modo, no sé como decir lo que siento y tal vez, entonces no sienta. Realmente me siento como si no sintiera nada especial. Es algo extraño y es una sensación que jamás había tenido, pero también estuve aprendiendo de eso, de no sentir y que esté bien.
Hace unos días, antes de venir, creo que desde el 2 de noviembre (viajamos el martes 6) es que ya me costaba sentir. Me decían ¿estás re ansiosa? y yo ''no, para nada'' ¿estás a mil maquinando? y yo ''no, vengo súper tranqui''. El día de la presentación de ''Los desiertos efímeros'' en Esfera me preguntaban lo mismo y yo dije casi todas las veces: ''estoy contenta y tranquila''. Y así estaba, contenta y tranquila. Esa tranquilidad se mantuvo (y se mantiene) a diario. Creo que mi mente no se estresó pero sí mi cuerpo, porque me enfermé allá y al llegar acá. Nada grave, obvio. Acá anginas, producto de que el primer día, no sabía bien el sistema de abrigo y desabrigo. No sentir también es una forma de sentir y fui descubriéndola y entendiendo por qué me pasaba.Todo esto también creo que tiene que ver con el resabio de cosas que voy comprendiendo y son muy personales, pero que fui entendiéndolas una a una y ahora comprendí más por qué las cosas se fueron dando de este modo.
En otro orden de cosas ayer viajé en tren y sola por primera vez. Me sentí bien. En mis auriculares sonaba Nirvana y el fondo era trash y punk, desde la estación Schöneweide camino a Alexanderplatz. Fueron solo 6 o 7 estaciones pero sentí algo muy lindo durante ese tramo, primero por llegar a destino sin problemas y segundo, por la paz del instante y por la soledad acompañada de música y sentir, en ese ratito, que todo iba inmensamente bien. Sonaban lindas canciones de Cerati, Los Redondos y Las pelotas y me sentí como en casa. Todo esto que vivo desde hace 10 días es una oportunidad para crecer y para avanzar hacia el lugar que más quiera, eso es lo que tengo en mente y muy claro. Pulsos efímeros, así son las cosas.
La música perfecta para este texto, es esta: https://www.youtube.com/watch?v=gvCmtHDDuu0
viernes, 9 de noviembre de 2018
Cierta Distancia: Angie Pagnotta - Cuestionario básico
Cierta Distancia: Angie Pagnotta - Cuestionario básico: 1.- ¿Por qué escribes? Escribo porque necesito decirme con palabras. Porque no encontré un modo más eficaz de expresar, de sentir y...
Gracias a Cierta distancia por la convocatoria.
Gracias a Cierta distancia por la convocatoria.
martes, 16 de octubre de 2018
Yo no me caí del cielo
¿En qué momento caerá el rayo?
Si ante tu cuerpo, caigo.
Si ante tus ojos, caigo.
¿Es posible desencantar este enredo?
¿En algún tiempo será posible?
La distancia marca un pulso, quizás,
un ritmo en el que estos besos estarán en otro océano,
en otro barco, en otro tiempo.
¿Podrás soportar nuevamente la ausencia?
Nada de esto pasaría si no nos hubiéramos encontrado en la calle,
si justo no te hubiera visto pasar por la vereda,
si justo, justo
¿A quién le toca ahora creer esa mentira?
Hacemos lo que hacemos porque nunca debimos dejar de hacerlo,
eso te diría ahora,
eso te diré mañana.
Solo somos presente, instante eterno del ahora en el que te miro y caigo,
una vez más, caemos, una vez más somos perfectamente imperfectos,
y la boca del otro, así, en ese instante, es el mejor momento de nuestra vida.
Nena, hay alegrías y alegrías / hay mucho vino malicioso / y poco vino del mejor.
sábado, 6 de octubre de 2018
Lo que dure mi recuerdo en tus ojos
Paguemos algo que todavía no rompimos
Para que luego no nos vengan a frenar
Y terminemos con el barco destrozado
Y con los restos del naufragio
Zozobrando por el mar
Por ahora tengo ganas de estar solo
Y me queda poco tiempo de ahora en más
Lo que dure mi recuerdo en tus ojos
Y cuando parpadees, no estaré mas
Me veras surgir y caer
lunes, 1 de octubre de 2018
Errante
Epígrafes posibles:
1. No me sueltes más.
2. De nada sirve luchar contra uno mismo / pero tampoco de nada sirve huir de lo evidente.
3. Demasiado tarde te acordaste de amar.
4. Me olvidé la pava en el fuego.
5. El deseo engendra más deseo / deseamos, entonces, siempre.
6. Todas las anteriores.
domingo, 30 de septiembre de 2018
El profeso
No quedan registros de la noche. No quedan registros del silencio. Quedan las huellas de cada una de las palabras que dijiste ¿Te acordás de todas las frases? ¿de todas las palabras? Las promesas, las risas, los retos, las caricias. Cada mirada, cada profunda e intensa mirada que me diste. Tus ojos grises terciopelo clavándose como dagas en mis ojos marrones azabache. Y fuego, creo que había fuego. Eso también lo recuerdo.
Algunas palabras decían que te morías de ganas de besarme desde el primer día en el que abriste la puerta y ahí estaba yo, nerviosa y sonriente. Yo dudé, me reí, me puse colorada y te pregunté varias veces si era en serio lo que decías. “Nunca hablé tan en serio“ respondiste. Sabía que mentías, pero no importaba. Ya habías dicho todo, en unas cinco líneas te habías declarado culpable, tan culpable que te daba culpa lo que me decías. Retrocedías y avanzabas 25 casilleros en búsqueda de algo que, sabías, podía pronunciarse cierto. Pero algo te detuvo. Nunca supe bien. Ya no importa.
Recuerdo tus manos al tocarme, tus ojos cerrándose mientras nos abrazábamos y olías mi pelo y, por lo bajo, decías: “que rico gusto a vainilla tenés“. Tus manos se enredaban en mi pelo largo y revoltoso, caían suaves en la marea pesada de hilos negros y castaños. Sentía la punta de tus dedos anudándose en una trenza cálida y paternal, tan vos. Guardé esos momentos como tesoros, guardé cada huella de tus palabras para poder corregirme. Pero esto pasó hace tiempo, largo tiempo, ya sé. Días, meses después y en algún momento años.
¿Por qué me acuerdo? Pasan siglos y no hay clavo ni vino que quite de mi cuerpo lo que tu nombre me evoca, Federico.
sábado, 29 de septiembre de 2018
De vientos y de lluvias se llena el universo.
De vientos y de lluvias se llena el universo. Y, mientras tanto, todo es un desatino, una llamada interna de algo inmóvil, de algo congelado por años, por el tiempo mismo que se ríe de nosotros cada vez que recordamos. Y que inconveniente es la conveniencia de tu beso, la de tu cuerpo tan cerca del mío, la de la escarcha de la lluvia allá afuera, mientras del otro lado del ventanal ocurre un incendio. Que inconveniente es volver a encontrarnos y acercarnos en cada fracción, en cada segundo, en cada milímetro de abismo en el que bordeamos nuestra existencia profana, y reconstruimos el pasado en el presente, como si tal cosa pudiera lograrse en una noche. Pero no existe. Nos encomendaron no volver a unirnos y, sin embargo, acá estamos: como dos imanes, atrayéndolo todo. Al menos por un rato, el que dure la eternidad.
De pronto un sonido.
Casi diría que el viento infame resopla en mis oídos pero no. Un chasquido me devuelve al mundo y entonces recuerdo que pensé todo esto mientras estaba en la fila de Edesur, a punto de pagar la luz que me cortaste.
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tu beso
martes, 25 de septiembre de 2018
El no decir que se convierte en imán
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| Imagen Liudas Barkauskas |
Ella sale de la escuela y él la espera en la esquina fingiendo varias cosas: que el cierre de su mochila se trabó e intenta destrabarlo, que acaba de despedirse de su grupo de amigos, que recibió una llamada y recién terminó de hablar...cualquier excusa infantil es buena, cualquiera que le dé los minutos que demora Agustina en salir a la calle.
Van caminando juntos por la avenida porque vivir cerca les sirvió de excusa. Para él no importan los autos, los semáforos, los ruidos: nada. Todo su universo pasa por contemplarla, por ver cómo se corre el pelo negro y pesado hacia la oreja, por ver como abraza la carpeta que lleva en las manos y aprieta hacia su pecho, por sentir su olor a vainilla desprendiéndose a cada paso que da, por notar sus piernas flacas y un tanto chuecas al andar, por sus pasos cortos pero ligeros...todo le parece encantador. Pero no dirá nada y, al contrario, dirá todo lo que no piensa sólo para despistarla.
Lo que no sabe nuestro Romeo, es que ella no es de las que adivinan las falsas señales, no sabe que al comportarse así, ella afirmará su teoría de que Federico es un pesado que prefiere caminar con ella para no ir caminado solo, y nada más, nada de nada.
El no decir se convierte en imán, el no decir los convierte en silencio, en lo que los repele, en lo que los aleja. Incluso cuando ella preferiría caminar escuchando música, ha llegado al punto en el que el metro ochenta de él la conmueven, la inquietan y la intrigan. Federico, pronuncia Agustina para sí y lo siente, lo ve, lo quiere....así de despistado, de despeinado, de torpe y de inteligente. Tan brillante para algunas respuestas y tan lumpen para hilar los sentimientos, piensa ella, levantando las cejas sin que él lo note.
Pero aún así y pese a todo, su relación se alimenta de falsas señales, de desvíos, de frenadas, de silencios. ¿Y si se hace tarde? ¿Y si nunca más se encuentran? ¿Y si se encuentran pero tarde?
Nadie sabe hasta donde llegan los imanes.
Pero aún así y pese a todo, su relación se alimenta de falsas señales, de desvíos, de frenadas, de silencios. ¿Y si se hace tarde? ¿Y si nunca más se encuentran? ¿Y si se encuentran pero tarde?
Nadie sabe hasta donde llegan los imanes.
domingo, 23 de septiembre de 2018
Veneno amargo
Todavía hay peligro, me digo. Tus fragmentos aún están unidos a mi cuerpo. En algún lugar de mi estratosfera te repito, te siento, te pienso. Habían pasado años, eso también lo recuerdo. Meses, días, años, millones de años sin saber de VOS. Agua bajo el puente, témpanos, praderas, silencios. Años de suposiciones, de creencias, de confiar mi destino en la fe; esa fe ciega que dice y repite en loop: “las cosas son mejores así“. Mar furioso, me digo.
¿Cómo no involucrarse de nuevo, si nunca dejé de pensarte?
Te esperé siglos. Siglos esperé este momento. Estar de nuevo frente a tu boca, y acá no puedo escapar a la verdad de pronunciar y de escribir las palabras acalladas pero justas: esa boca de fuego, carnosa, siempre a punto de ser devorada por mi boca; esa boca por la que hubiera atravesado océanos, por la que hubiera matado a cualquiera, esa boca de ella, mía, tuya, tan tuya, casi incomparable con otras bocas, pero ciertamente inolvidable. Eso sí lo recuerdo bien.
La menta y el mentol flotaban en el aire. La cerveza en tus cachetes, también. Negar hasta lo imposible, me dije antes de salir de casa. Negarlo todo, negarlo bien. Pero ahí estabas, a dos centímetros de mi boca, a dos minutos de estallar contra mis labios, a dos minutos de arrepentirme de todo y, a la vez, de disfrutarte, porque de eso se trata todo en la vida, al final, de disfrutar. Pero ya no quiero que sea al final el disfrute, que sea principio.
Y el principio de todo fue tan turbulento, Federico, tan turbulento que no podría retroceder a cero y ser otra. Porque quiera o no, fui la que soy porque fuiste conmigo. ¿Te acordás que vos me buscabas y yo ni te registraba? En la oficina siempre miraba a un costado cuando hablabas, siempre esquivándote. Cuando era el horario del almuerzo yo inventaba cualquier excusa para no sentarme con vos, y las veces que por algún motivo quedábamos juntos, hacía sonar celulares que no existían para levantarme e irme al patio a hablar con la mujer-máquina que en el 113 te daba la hora ¿En qué momento todo se dió vuelta? ¿En qué momento pasé de ignorarte a llevarte café a tu oficina cuando sabía que era la hora en que te morías por tomar un café? ¿En qué momento pasé de no reírme de tus chistes a festejarte cualquier gansada que dijeras, incluso las que no me hacían reír? ¿En qué momento dejé de esquivarte la mirada, para morir por un segundo de tus ojos en los míos? A veces rebobino casi a cero, pero ese momento nunca supe encontrarlo en mi memoria, jamás. Veneno amargo, siempre amargo el no recordar y de tan amargo, casi necesario (casi).
Y el principio de todo fue tan turbulento, Federico, tan turbulento que no podría retroceder a cero y ser otra. Porque quiera o no, fui la que soy porque fuiste conmigo. ¿Te acordás que vos me buscabas y yo ni te registraba? En la oficina siempre miraba a un costado cuando hablabas, siempre esquivándote. Cuando era el horario del almuerzo yo inventaba cualquier excusa para no sentarme con vos, y las veces que por algún motivo quedábamos juntos, hacía sonar celulares que no existían para levantarme e irme al patio a hablar con la mujer-máquina que en el 113 te daba la hora ¿En qué momento todo se dió vuelta? ¿En qué momento pasé de ignorarte a llevarte café a tu oficina cuando sabía que era la hora en que te morías por tomar un café? ¿En qué momento pasé de no reírme de tus chistes a festejarte cualquier gansada que dijeras, incluso las que no me hacían reír? ¿En qué momento dejé de esquivarte la mirada, para morir por un segundo de tus ojos en los míos? A veces rebobino casi a cero, pero ese momento nunca supe encontrarlo en mi memoria, jamás. Veneno amargo, siempre amargo el no recordar y de tan amargo, casi necesario (casi).
Y allí, entonces, a dos centímetros del precipicio, a dos milésimas de segundo de comernos la boca, los ojos, la mirada, el cerebro y las manos, a dos minutos de aniquilar nuestra piel contra la piel del otro, de morder, de bordear, de lamer, de pedirte más, de acariciarte, de dejarme, de que te dejes; allí, a fragmentos de milésimas de segundo, a un segundo antes y como en las peores pesadillas, me desperté y ya no supe cómo llamarte, como pronunciar tu nombre.
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